En el cielo es febrero

(A la memoria de Eduarda, uno de los pilares de las Águedas de San Lázaro, que se nos acaba de ir)

🔴🖤 Las Águedas de San Lázaro estamos de luto. Se nos ha ido Eduarda, una de nuestras venerables, de nuestros pilares. Eduarda, puro amor, pura generosidad, que además de hermana ejercía con todas un poquito de madre, siempre quitándole hierro a los problemas, a la propia vida.

Los pollos de corral guisados de Eduarda eran ya una tradición obligada en septiembre, cuando ella y su santo Ramón nos abrían las puertas de su casa de Muelas del Pan para todas las hermanas. Allí nos recibían, junto al embalse, sus flores y sus gatos, la eterna sonrisa en la cara, la alegría del reencuentro, aquellas patas gelatinosas que a mí me sabían a gloria y que le llevé a César al hospital de tu parte. Humilde manjar de dioses criado en tu corral.

Avezadas como somos en el comer, dejábamos muslos, pechugas y contramuslos en la cazuela y casi nos pegábamos por los huesos, alas, patas y pescuezo, al rechupeteo, con el pan de pueblo de horno de leña haciendo barquitos por la salsa.

Las puertas del corazón y sus brazos estaban de par en par todo el año, como su extraordinario sentido del humor y su sencilla filosofía de vida. Todo a su lado era fácil. Mi terremota, con epicentro en Muelas. Nuestra viejita tierna, tan valiente, tan entrañable y vital.

En el cielo hoy es febrero. Allí ya la esperan Romana, Martina, Pilar, Isabel, María la Roja, María, Rosa, nuestra Tere, nuestra Feli, Chona… son ya tantas, tantas… Ellas llenan de alegría los febreros de ahí arriba. Las veía ahora, en las fotos que he buscado en el blog que con tanto mimo y trabajo recopiló Águeda y sonreía por lo vivido, tan bonito, tan intenso, tan divertido, tan para nosotras, y a la vez se me partía el corazón de ausencia.

Cuánto hemos crecido, cuántas cosas han pasado; cuántas nos faltáis ya, cuánto hemos cambiado; cuántos años hemos festejado y brindado, cuántos también hemos llorado juntas, hermanas en lo bueno y en lo malo, aguedicas de San Lázaro siempre. Las que venimos detrás hemos sido unas privilegiadas por teneros y disfrutaros, por aprender de vosotras, por seguir vuestros pasos. Contigo era fácil la vida, más bonita, más amable.

Descansa, querida Eduarda. Queridísima. Ojalá la eternidad te compense las penas y dolores que con tanta dignidad y fuerza has cargado aquí en la tierra, donde el puñetero cáncer te arrancó lo que más querías. Qué dura puede ser a vecesa vida, respirar cada día. Mujer de una sola pieza, tan pura, tan de verdad, tan sin maldad, tan de corazón.

Hoy resuenan en el silencio de la noche las panderetas de todas las águedas, las de arriba y las de abajo. Allá te esperan, vuela sin miedo.

Luz siempre para ti, que has sido luz en la tierra para tantas, para todas.

Te echaremos muchísimo de menos. Nuestra preciosa Eduarda, nuestro tesoro.

Te queremos, hermanica.

Eduarda (en el centro)

Un comentario en «En el cielo es febrero»

  • el 21 junio, 2022 a las 00:09
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    Ana me emocionas siempre que escribes, pero hoy especialmente. La echaremos mucho de menos, la queriamos mucho.❤

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