Ribadelago, 1959. Aquel horror

🖤 En la medianoche de la madrugada del 8 al 9 de enero de 1959, entre las doce y la una, la presa de Vega de Tera reventaba y descargaba ocho millones de metros cúbicos de agua que arrasaron el pequeño pueblo de Ribadelago. 144 personas murieron en una tragedia que pudo ser evitada.

La versión oficial apuntaba al llenado de la presa por las fuertes lluvias pero el abaratamiento de los costes de obra, la avaricia del hombre, las trampas en los materiales, tuvieron la culpa de una catástrofe que trascendió a los medios nacionales. El silencio y el olvido se impusieron sobre Sanabria y sus víctimas, los tribunales dictaron justicia sin justicia. No hubo culpables.

La memoria mantiene viva sus nombres, las aguas del Lago custodian su sueño eterno, tantos sueños. Aquel horror. Han pasado sesenta y cuatro años y las acuarelas del arquitecto Francisco Somoza recrean esta mañana de recuerdo cómo pudo ser aquella noche interminable, la larga espera de los supervivientes a salvo sobre los tejados o las rocas más altas en completa oscuridad sin saber si los suyos estaban vivos o muertos; el estupor de quienes no podían creer la tragedia que en apenas segundos había sepultado bajo el agua una forma de vida, los seres queridos, los bienes, los recuerdos. Aquel silencio precedido de los gritos más desgarradores y el estruendo del agua que bajaba a toda velocidad por la montaña. El paraíso convertido en un infierno.

Más allá de los testimonios gráficos en blanco y negro de la catástrofe, cada 9 de enero es nuestra obligación, la de todos los zamoranos, recordar a quienes perdieron la vida en Ribadelago y rendir homenaje al abnegado e increíble espíritu de supervivencia de sus gentes, que han sabido levantarse sobre tanto dolor, que apostaron por la vida en medio de la nada.

Sesenta y cuatro años después, Ribadelago tendrá por fin su Museo de la Memoria para que nunca se nos olvide la tragedia, el silencio, ese forzoso olvido que quisieron imponer como si nunca hubiese pasado nada. Pero había pasado.

Eran agricultores y ganaderos, padres, madres, niños, mozas espadando, gentes humildes que esperaban el prometido progreso de los embalses y la presa en un pueblecito donde las carreteras finalizan, conducen a ninguna parte. Nuestra gente, nuestra historia, nuestra memoria. Somos nosotros los responsables de mantenerlos vivos para que el mundo no olvide una tragedia silenciada que cambió la historia.

Por todos los que perdieron la vida en la catástrofe de Ribadelago y por quienes les sobrevivieron para cantar a la vida a orillas de nuestro hermoso Lago, espejo de soledades, silenciosa tumba de sueños.

🔴 Acuarelas: Francisco Somoza

🖤 LEER MÁS: Ribadelago, la memoria de los muertos

Quién lo ha escrito:

Un comentario en «Ribadelago, 1959. Aquel horror»

  • el 9 enero, 2023 a las 11:59
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    Son preciosas las palabras Ana pero las acuarelas son maravillosas, transmiten tanta desolación, desesperanza… ese frío…

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