Una hostelera perdida en el limbo económico de la pandemia

Margarita Rodríguez no pudo inaugurar ‘La Barrica’ a causa del Estado de Alarma, por lo que no pudo solicitar ningún tipo de ayuda al no existir cese laboral. La Unión de Autónomos, UATAE, estudia el caso de la zamorana como ejemplo de cómo la burocracia se impone al sentido común y defiende a quienes estén en situaciones similares.

Cuatro generaciones hosteleras contemplan a Margarita Rodríguez, quién mamó la hostelería en La Posada, junto a sus padres, Pepe y Marga, y después en el Biere, el negocio familiar que cerraba sus puertas el año pasado con la jubilación de patriarca y genial cocinero que durante tanto años ha prestigiado la gastronomía zamorana.

A principios de este año, Marga (

separada y con un hijo), decidía emprender su propio camino en La Barrica (antiguo Mesón Casa Pepe, en la calle Santa Teresa), para ponerse frente a los fogones y ofrecer sus pucheritos de guisos tradicionales del día.

Tras invertir en la mejora y dotación del local, el día estaba decidido: el 20 de marzo, en fechas próximas a la Semana Santa, La Barrica abriría sus puertas.

Pero una pandemia maldita se cruzaba en el camino y el 14 de marzo se decretaba Estado de Alarma, el cierre de los establecimientos y el confinamiento de la población. Marga se quedaba entonces en un limbo legal y económico, ya que al no haber iniciado la actividad, tampoco podía acogerse a los ERTEs y ayudas a hosteleros.

Durante los meses del verano,

con la flexibilización de las medidas, Margarita pudo abrir su establecimiento y ahora, con este segundo cierre (en el que tampoco tiene derecho a ningún tipo de ayuda al no ser beneficiaria de las primeras), ha tenido que replantearse sus pucheritos y de momento ha abierto sus puertas para ofrecer un buen café de desayuno con una pulguita o croisan por un euro. Renovarse o morir. Confiesa que a veces le dan ganas de tirar la toalla.


Burocracia o sentido común

Hostelería en Zamora ha puesto en conocimiento de la Unión de Autónomos UATAE a través de Rut Ruiz (coordinadora en Castilla y León) la situación de la hostelera zamorana, «una evidencia de cómo a veces la burocracia se impone a las necesidades de los autónomos y al sentido común». 

En este sentido, UATAE ha trasladado casos similares al Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones sobre la prestación extraordinaria habilitada en esta segunda ola -y en vigor desde octubre-, «ya que hay varios elementos en sus requisitos que generan graves disonancias y desprotección, entre ellos -para el caso que nos ocupa de la hostelería»

Así, UATAE destaca en primer lugar, el hecho de que para acceder a esta prestación hayas tenido que ser beneficiario de la anterior Prestación Extraordinaria por Cese de Actividad (PECA) en el primer estado de alarma.

Esta condición deja fuera a muchas y muchos autónomos que en su momento no llegaron a solicitar la prestación porque creyeron que la epidemia se controlaría rápidamente y tenían un mínimo colchón para asumir ese esfuerzo de tres meses, pero a quienes ahora con la segunda ola no pueden aguantar. O a quienes, como Margarita, aún no habían iniciado su actividad.
En segundo lugar, para UATAE la acreditación de pérdidas del 75% para todo el mundo no deja de ser injusta y regresiva «porque ni es lo mismo unas pérdidas del 75% en alguien con una facturación mensual superior a los 10.000 euros que en alguien con unos ingresos equivalentes o inferiores al SMI, a quienes debería rebajarse ese umbral a un 40%».
Para UATAE, en tercer lugar, los y las autónomas de la hostelería se ven afectados porque según la normativa de la prestación, solo pueden acceder directamente a la misma, sin el requisito de acreditación de pérdidas, aquellos autónomos cuya actividad ha sido afectada por cierre administrativo (con opción o no de reparto a domicilio en el caso de hosteleros), «pero no cuando se ve afectada por graves restricciones de aforo o de horario como está ocurriendo en la hostelería, con lo cual quedan abocados a la acreditación draconiana de pérdidas«.
Además, para la organización de autónomos, el caso de la Zamora a «expone a la perfección las dificultades estructurales del emprendimiento femenino». 
«Las mujeres autónomas -afirna UATAE- sufren la mayor brecha de participación en el empleo (sólo un 35% de mujeres en el colectivo) pero a la vez están protagonizando en los últimos años las nuevas altas en el trabajo autónomo, como consecuencia de un mercado laboral muy precario que expulsa a las mujeres del trabajo asalariado y deben buscar alternativas».
Por ello, desde la asociación reclaman medidas efectivas de «financiación, formación/asesoramiento y conciliación que tengan en cuenta la problemática específica de las trabajadoras autónomas, para que su emprendimiento por necesidad pueda convertirse en una alternativa digna y con derechos de desarrollo profesional»


Mientras, Marga abre cada día las puertas de La Barrica con la esperanza de que la razón se imponga sobre la burocracia y poder acceder a ayudas y compensar las pérdidas de un negocio cuya apertura ha quedado marcada por la pandemia, en el que ha invertido no sólo sus ahorros, sino sus ilusiones, su futuro y el de su hijo.

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