En capilla
🔴✝️ La cofradía de Jesús del Vía Crucis y la Hermandad Penitencial de las Siete Palabras ultiman sus preparativos a pocas horas de salir en procesión.
Zamora vive su Martes Santo, el del Nazareno, la Virgen de la Esperanza y el Cristo de la Expiación. Faltan apenas unas horas para salir a la calle y la cofradía de Jesús del Vía Crucis y la Hermandad Penitencial de las Siete Palabras ultiman sus preparativos. Nada, ni siquiera una triste flor, queda al azar. Todo está medido y pensado.
🔴✝️ VÍA CRUCIS
La iglesia de San Andrés (la del Seminario) era esta mañana un ir y venir. Camareros, floristas, cotanero; alguna escalera por el medio y también cofrades y devotos del Nazareno de San Frontis y la Virgen de la Esperanza acudían a visitarlos en la que fue su punto de partida y llegada durante décadas.

Son muchos los zamoranos que aún recuerdan al Mozo saliendo de San Andrés el Martes y a la Virgen de la Esperanza llegando el Jueves al mismo templo, donde se guardaba todo el año su mesa dorada a ruedas, oculta tras un inmenso tapiz que tapaba una de sus capillas laterales. Parecía otra iglesia antes de la restauración.



De todo esto familias como los Villalba, los Santana, los Hernández, los Ufano o la mía propia, entre otros; o tantos vecinos del barrio, custodios perpetuos de su Nazareno, pueden dar fe. El Jesús bajaba entonces en la furgoneta del pescado de Pedro García Villalba (padre de Pedro García Álvarez) sin un traslado popular; la Virgen venía de Lourdes en otra furgoneta (o en la misma) y allí la vestía Dori, con Lolita Reina, Laurita y Maruja la mujer de Lili, mi tía, que me abría una puerta secreta a la trastienda de la Semana Santa cuyas llaves solo conocían nuestros mayores.

Con Mari, presidenta después tantos años de la entonces Sección de Damas; y las Gago, Luchi, siempre tan guapa. Todo más sencillo, sin alharacas ni empujones de «quítate tú pa ponerme yo». Todo menos «profesional» pero más auténtico, más a flor de piel. Más vivido.
Con su túnica y saya de procesión bordadas en oro, caminando sobre dos jardines de flores, ya esperan el Jesús y la Virgen a que el reloj dé las ocho. Después, se despedirán en Cabañales y ya no volverán a verse. El presidente, Antonio Pedrero Hernández, estará ya mirando el reloj a estas horas; hoy el cielo no es preocupante, el sol ha salido para ver a Cristo y su Madre.
Y, en el aire, la presente, tan dolorosa ausencia de Pedro y Blanca, el rezo pausado de José Ángel, que esta tarde le da la mano a Eva, su sobrina, desde el otro lado de la vida; y Graciliano y Feli prometiendo amor a los pies del Nazareno; y Laurita, que parecía una actriz imponente de los 60, pura hermosura. El abuelo Ricardo con su pelazo blanco nuclear, Felipe de Castro guiando al Jesús. Y Ramón Hernández, que dejó aquí toda una saga; y Javi, que se fue tan pronto; y Pilar Santana, con puntillas y blondas en las manos. Cuántos, todos ya haciendo procesiones en el cielo.

Fuera, la furgoneta de Florart y unas vallas anuncian que algo está por suceder. Y cuando las puertas se abran, habrán culminado los preparativos. La procesión estará en la calle.
🔴✝️ SIETE PALABRAS
El rezo y el silencio es la tónica en la iglesia de Santa María de la Horta. El Cristo de los Barrios Bajos ya está sobre sus andas. Ayer lo descendieron del altar mayor y Rosa, su camarera, retiraba el polvo que haya podido pasarse sobre la preciosa talla en un año.
La jornada de hoy es para el rezo y la meditación. Hermanos y hermanas han velado a la imagen desde primeras horas de la mañana. A solas con Él. Junto a la Virgen de la Salud, a la que tanto le rezó César, aunque no pudo ser.
A solas. Esta noche será distinto. Iluminarán su camino calzados con escuetas sandalias; subirán cuestas, el Cristo quedará atrás y los bombos romperán el cielo. La soledad se masca, se respira bajo el caperuz.

Flores a sus pies y también los nombres de quienes tanto le rezaron o lo cargaron sobre sus hombros. Fernandico, Carlos, Miguel, Javier; y la voz potente, rotunda de Juan Manuel; Paco Escuadra, Marcelino ,que nos santificaban antes de salir. Y Casimiro, que nunca faltaba en los primeros bancos. También los de aquí, los que ya no arriman el hombro y cargan con la memoria, con el corazón, siempre hermanos de paso: Florián, los dos José Carlos, Fernando padre, Nafría. La amorosa capa de los abades Los que se criaron a la sombra del Cristo como Baladrón. Las treinta primeras que salimos con manguito verde; el taller de Manolo lleno de hachones por limpiar con soplete, la cadena humana para bajarlos.y subirlos a la torre. Nos conocíamos todos por nuestros nombres.

Las Palabras y los Cristos en el altar, contra la pared. Y la voz de Mercedes, tan bonita, cantando el Venid a Mí mientras Jesús, Mariángeles y yo unimos nuestras manos en un momento mágico. Qué hermosísimo legado has recibido, querido Roberto.

Finalizado el turno de vela, volverán los sonidos, los cabos por atar a última hora. El reparto de las penitencias, las sandalias en la sacristía. La fortaleza de Amparo después de cumplir un nuevo año ayer, Lunes Santo. El incienso, las idas y venidas de los cerilleros.

A las doce se abrirán las puertas y Cristo avanzará como flotando en un mar de caperuces verdes. Sonarán en los tambores de Arancha los toques de Gustavo. Mañana serán otros. Abrid las puertas. Todo está cumplido.
