Allá te esperan, querido Ricardo
🖤 ✝️ Triste comienzo de año para Zamora. Esta noche fallecía a los 93 años de edad el empresario Ricardo Flecha Valle, quien durante muchos años dirigió su empresa de frutas Plátanos Flecha.
Miembro de la pionera Comisión de Fiestas de 1971 (creadora del programa las fiestas de San Pedro, con sus ferias, desfiles de carrozas y majorettes), Ricardo Flecha Valle era también pintor autodidacta y un excelente acuarelista, con preferencia por el paisaje. Ese talento sería heredado por su hijo, el escultor Ricardo Flecha Barrio, prematuramente fallecido hace dos años. También heredaría su trabajo desinteresado por Zamora, su gente y sus tradiciones, la bonhomía en todas sus formas.

Alumno en el Claudio Moyano, Ricardo Flecha era -con el poeta Waldo Santos, Pedrero como decorador y Luisa Rojo como actriz – uno de los fundadores del grupo de teatro Juan del Enzina y miembro de las tertulias en la encuadernación de José María Alejandro, donde bullía la cultura y el espíritu de una Zamora que ya no existe.

Hombre polifacético como pocos, Flecha padre fue un excelente tirador al plato y pichón, organizando campeonatos deportivos en el Club Esla y gran cazador y pescador.
Más allá de esto, Ricardo era un excelente contador de historias y anécdotas de la Zamora profunda, que tan bien conocía. Precisamente Flecha fue quien acompañaba a Ángel Quintas en su «descubrimiento» de la procesión del Viernes Santo en Bercianos de Aliste que dio la vuelta al mundo. Era también una de las sonrisas que recibía siempre a la Virgen de La Concha y a los romeros en su retorno de La Hiniesta el Lunes de Pentecostés en la finca de José Luis y Mariángeles Sánchez Cano.


Hombre dedicado a su familia -hijo de la genial Consuelo; eterno compañero, eterno amor de Luchi; padre de Ana, Ricardo, Carlos, Rosa y Loli; abuelo de Paula, Carlos, Pedro y Marta; bisabuelo de la pequeña, hermosa y valiente Valentina– a todos ellos les inculcó ese amor, su generosidad y su honestidad. Son una piña, unos brazos siempre abiertos, una mesa siempre dispuesta. Porque la cara humana de Ricardo Flecha superaba -si es que era posible- su faceta empresarial y artística. Un genial dinamizador de excursiones infantiles o jornadas nocturnas de ranas en Sanabria, su querido Lago, inculcándonos a los niños de entonces espíritu aventurero y amor por la Naturaleza.
Generoso, entrañable, divertido y profundamente leal con sus amigos -el fotógrafo Ángel Quintas, el pintor Alberto de la Torre o el escultor Abrantes, ya fallecidos; así como el pintor Antonio Pedrero y el empresario Manolo Roncero, entre otros-, siempre unidos y siempre involucrado con ellos en el mundo del Arte, Ricardo Flecha deja una huella imborrable entre quienes tuvimos la suerte de conocerlo y disfrutarlo desde la infancia. Ha sido un privilegio.
La vida no ha sido bondadosa con los Flecha en los últimos años. Ricardo ha sobrevivido al dolor de enterrar antes de tiempo a dos de sus hijos y la edad y la enfermedad han apagado su vida esta madrugada de enero, pero no su luz.
Con sus impecables canas, su cuerpo grande y bonachón, su mal oído y su eterna sonrisa, su profunda y generosa huella siempre quedará entre nosotros grabada en el corazón. Siempre.
Descansa en paz, querido Ricardo. Allá arriba te esperan.
(Y a los de aquí abajo, mi inmenso amor)
