Buenos días, Ifeza

🔴🔥 Una cincuentena de evacuados del incendio de Vegalatrave pasa la noche en el Instituto Ferial de Zamora, mientras el resto eran realojados en casas de familiares o se quedaban en el pueblo a luchar contra el fuego y defender sus propiedades.

🔴🔥 Impecable dispositivo de atención coordinado por Cruz Roja y Protección Civil con la ayuda de Diputación Provincial, Ifeza, Policía Municipal y Guardia Civil.

La noche promete ser larga en Ifeza, el Instituto Ferial de Zamora, una mole de hormigón y cristal con más de 8.000 metros cuadrados útiles premiada por la arquitectura contemporánea e inaugurada en 2008 como palacio para ferias y congresos. 

Nadie podría pensar entonces que el edificio unos años más tardes se transformaría en un ‘vacunódromo’ para afrontar una pandemia ni podría imaginarse un albergue de evacuados por el incendio más devastador ocurrido en España en los últimos tiempos. 

Las primeras noticias del fuego declarado en Vegalatrave, esta vez provocado por la mano del hombre, llegaban en torno a las seis de la tarde; una tarde con casi 40 grados de temperatura y fuertes ráfagas de viento que convirtieron inmediatamente la zona en una tea, con una tierra que acusa la pertinaz sequía.

El dispositivo contra incendios acudía rápidamente al foco con medios terrestres y aéreos que se irían incrementando a lo largo de la tarde y apenas en hora y media la Junta ya había decretado el Nivel 2, que ha obligado a desalojar ocho localidades: Losacio, Olmillos de Castro, Marquiz de Alba, Navianos de Alba, Losilla, San Pedro de las Cuevas, Santa Eufemia del Barco y Perilla de Castro, con preaviso en La Encomienda. 

Mientras en la zona la zona trabajan técnicos, agentes medioambientales, tres brigadas helitransportadas, tres buldóceres, cinco autobombas y dos cuadrillas de tierra, apoyadas hasta el ocaso por un helicóptero de la base de Villaralbo, dos de Rosinos de la Requejada y uno de Villardeciervos (Zamora), en Ifeza comenzaba a organizarse el dispositivo de acogida de los evacuados.

Cincuenta vecinos

Cruz Roja y Protección Civil, apoyadas en todo momento por la Diputación Provincial, Ifeza, Policía Municipal de Zamora y Guardia Civil, habilitan el inmenso recinto mientras José Francisco Campanario, vicepresidente de Azehos y propietario del Casa Aurelia, movilizaba a través de whatsapp a los hosteleros y empresarios para proveer a los evacuados.

Como una mala pesadilla, regresaban a Ifeza las camas de campaña, instrumental de cocina y de aseo, ordenadores con controles de medicación, el puesto de Protección Civil y Cruz Roja, las mesas, las sillas, los contenedores de hielo con agua, los depósitos de leche caliente, los cafés y los sobres de Colacao

Esta vez han sido una cincuentena de vecinos, de edad avanzada en gran número, los evacuados. La gran mayoría han sido acogidos por sus propias familias o por los pueblos vecinos y otros han preferido quedarse en primera línea defendiendo sus casas, sus pueblos. 

Una vez más, desde el minuto cero, el presidente de la Diputación, Francisco José Requejo, y el diputado responsable del Consorcio de Bomberos, José Luis Prieto, han estado en Ifeza junto a los desalojados y supervisando el dispositivo. A ellos se añadiría después el vicepresidente de la institución provincial, José María Barrios. Lejos de protocolos y formalismos, en sus rostros era visible la preocupación del momento y también el cansancio de la larga y terrible semana vivida en Zamora a causa de unos incendios que la han convertido en noticia internacional. Maldita la hora.

Perfecto orden 

La experiencia de hace apenas una semana ha sido vital para una organización impecable del dispositivo de atención, coordinado entre Cruz Roja y Protección Civil. Sin prisas, sin estridencias, como un engranaje en perfecto funcionamiento, todo el mundo sabía qué hacer, dónde ayudar.

La solidaridad de los zamoranos se hacía patente en centenares de llamadas ofreciéndose como voluntarios, si bien esta vez no era necesario más personal por el escaso número de desplazados: todo estaba bajo control. 

Poco a poco llegaban los vecinos de Marquiz y de Losacio. Eran los primeros. Uno a uno dejaban sus datos y su historia médica: alergias, medicamentos, tratamientos, que eran informatizados por Cruz Roja mientras Protección Civil colocaba una pulsera de identificación que permite controlar a cada evacuado. Un grupo de voluntarios ponía la mesa para la cena, otros ayudaban a asentarse a los nuevos inquilinos de Ifeza. Cuatro de ellos venían con sus mascotas -un border collie, un esponjoso pomerania y dos pequeños yorksire- que parecían darse cuenta del momento que viven. También los perros han sido impecables en su comportamiento. Para prevenir alergias, por protocolo sanitario, los animales y sus propietarios ocupaban una ubicación separada del resto del grupo.

Con lo puesto 

Algunos venían con lo puesto, no les dio tiempo a más. Otros traían lo básico en pequeñas bolsas. Impresiona ver sus rostros serenos, resignados, en un momento de tantas tensión. Su exquisita educación, su inmenso agradecimiento. «Te pasas la vida mirando por la familia, para tener una tierra, el tractor, y viene algo así y te lo lleva todo», comentaba una vecina de Marquiz, pendiente del teléfono y las noticias que algunos familiares más jóvenes que se han quedado defendiendo el pueblo le trasladaban. 

Un hombre de Losacio, de edad avanzada, daba las gracias: «Me tratáis tan bien que dan ganas de quedarse«. Entonces sonreías, la respuesta salía sola: «No diga usted eso, que la mejor noticia es que puedan volver a su casa cuanto antes». Los niños se sentaban a la mesa como si fuesen ajenos a la gravedad del momento. Conmueve, sobrecoge esa forma tan natural, tan sencilla de tomarse las cosas. Ojalá nunca hubiese tenido que salir ninguno de sus casas. Qué días más tristes.

José Francisco Campanario y su hermano Javier, de Casa Aurelia, aparecían con la cena, ternera con salsa jardinera. Algo caliente y rico para llevarse al estómago y templar el cuerpo. La cena aliviaba tensiones, los vecinos hablaban entre ellos, se relajaban, bromeaban incluso con el personal que servía la cena. 

Pasada la una de la madrugada llegaba un nuevo grupo de seis personas, una familia con dos niños, y el resto de la noche ha sido tranquilo, aunque con la alerta activada por si llegasen más evacuados.

Psicólogos, enfermeros, médicos y personal especializado en atención y primeros auxilios velan por la salud de los evacuados, que poco a poco comenzaban a ocupar sus camas de campaña. 

Mientras, en torno a la una y media de la madrugada, el personal de Cruz Roja y Protección Civil se daba un respiro y cenaban, a la vez que llegaban agentes de la Guardia Civil de la zona del fuego. A esa hora, en Carbajales los agentes del operativo y efectivos de la UME no habían recibido avituallamiento, por lo que Jose ‘Aurelia’ cargaba su coche y se desplazaba hasta allí para llevarles bocadillos y cena para que pudiesen reponer fuerzas. 

Poco a poco el silencio y el cansancio se hacían los dueños de Ifeza, esa hermosa hermosa mole

Es la otra primera línea del fuego, no frente a las llamas, pero sí al lado de la gente, nuestra gente del campo, los grandes damnificados por las llamas. La solidaridad, el abrazo, la calidez humana es el agua que alivia la angustia que les quema por dentro. Su lección de dignidad, de educación, de calma, difícilmente se le olvidará a quien esté a su lado en Ifeza

Al dejar atrás el recinto, en torno a las dos de la madrugada, y regresando a Zamora siguiendo la orilla del Duero, sólo un deseo: ojalá un día los terroristas (no tienen otro nombre) que han provocado este incendio paguen tanto dolor, tanto daño al patrimonio natural, económico y humano de todos los zamoranos.

También el orgullo de sentir que a pesar de los tiempos que vivimos, aún es más fuerte que el fuego la humanidad, la solidaridad de tanta gente buena, entregada a los demás.

Buenos días, Ifeza.

(Amanece 25 de julio; que el Señor Santiago os devuelva pronto a vuestras casas)

📸 Fotos: Ana Pedrero

Cedida Rosa Vicente
Cedida por Gaby Ramos

📸 Fotos: Cruz Roja

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