Días de Águedas

Ya han salido a orearse manteos, camisas y mandiles de los arcones y están planchadas las cintas de seda y los flecos de los mantones para vestir de color el día de Santa Águeda.

Somos custodias de una tradición de siglos, del cántico hondo de todas las mujeres en tiempos de silencio. Hijas, herederas de la alegría en una tierra que está para pocas alegrías pero canta cada 5 de febrero con acento femenino.

Ser águeda es vivir, cantar, celebrar, conmemorar a una joven mujer que fue dueña de sí misma por encima del capricho de un hombre, por encima del suplicio y de la muerte. Es recordar a todas las mujeres que reclamaban un sitio en la sociedad cuando la sociedad no les hacía sitio.

Ser águeda es una fraternidad de siglos, festejar la vida, compartir, abrazar, honrar a las que nos precedieron, brindar, volar, reir, volver a abrazar, cerrar los ojos, recordar, esperar febrero con el corazón loco.

Ser águeda es resucitar la memoria prodigiosa de Romana, de la dulce Martina, de Isabel, de Nati, de María la Roja, de Pilar, de tantas y tantas que han llevado a Santa Águeda sobre sus hombros y no dejaron morir una tradición incomprendida en el tiempo en que las mujeres estaban con la pata quebrada en la cocina. Sus voces sonaban a libertad, a rebeldía, al valiente y justo deseo de ser.

Es el sonido de las sonajas en los días de fiesta y también en el mes de julio bajo los cipreses del cementerio como un enjambre de amorosas abejas despidiendo a una de las nuestras; es el luto de todas si una está de luto, la celebración de todas si una celebra.

Ser águeda es cantar y gamberrear, soltar las cintas de seda al viento, levantar los pies, subir cantando el Riego, desbordar las calles, preparar las cestas con bollos blancos y mistela, relevarse en los cargos, rezar en el templo, honrar a la santita y pedirle protección para los nuestros.

Ser águeda es abrir cada año el cofre de los sueños, desandar el tiempo, recibir con los brazos abiertos a las que llegan y guardar la memoria amorosa de las que nos faltan. Nuestro legado, nuestro tesoro.

Ser águeda es saber que mañana serán otras mujeres las que nos recuerden, que nunca se apagarán nuestras voces mientras una sola de ellas quede en pie.

Ser Águeda es ser eternas cada 5 de febrero.

Fotos: Águedas de San Lázaro

(

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *