El mercadillo de los martes, otra silenciosa víctima de la pandemia

Donde siempre hubo bullicio, ahora hay silencio; entre sus puestos, donde reinaba la alegría y el trasiego, ahora campa el aire a su albedrío. Es el tradicional mercadillo de los martes de Zamora capital, una silenciosa víctima de la pandemia, que ha visto caer sus ventas y su público habitual mientras sus puestos resisten estoicamente a la espera de la deseada normalidad.

La primera impresión encoge el alma. Sus calles espaciosas, siempre concurridas, aparecen prácticamente vacías, sin las habituales apreturas, con un recorrido de ida y vuelta separado por vallas que obligan a completar un circuito e impiden la libre circulación de izquierda a derecha entre los puestos. Una medida que muchos de los comerciantes piden que se suavice y que no se activa en otros mercadillos de la región, como señalan desde varios puestos.

Aunque muchos se mantienen estoicamente, otros aparecen vacíos. «Hay gente de Salamanca o de provincias cercanas -señala uno de los vendedores- a los que no les compensa ni siquiera venir, desplazarse y montar el puesto. Las ventas han descendido, la gente tiene miedo, viene poca, y además no hay facilidades para poder cruzar e ir de un puesto a otro, te obligan a hacer el recorrido entero, y mucha gente se va sin ver todos los puestos».

Ropa, lencería, moda boho y vaquera, calzado, bolsos, marroquinería, artesanía, electrónica, bisutería, ropa de cama y hogar, flor artificial, encajes, artículos para el bebé… el mercadillo, instalado junto a la Avenida se Reyes Católicos, cerca del Hospital Virgen de La Concha, es un gran bazar al aire libre que cada martes mide el pulso de la ciudad. Un pulso muy debilitado por una pandemia que hace poco más de un año era impensable.

Con controles de la Policía Municipal y gel higienizante en el acceso y salida del recinto, así como en todos los puestos, la escasa asistencia de clientes garantiza casi sin querer la obligatoria distancia de seguridad. «La gente tiene miedo y se nota mucho. Nosotros en los puestos cumplimos las medidas que se nos han dado, así que animamos a la gente a venir al mercadillo como han hecho siempre».

Sus voces siempre alegres y bullangueras anunciando los diferentes artículos se notan cansadas, desfondadas. Además de depender de la climatología, una maldita pandemia se ha cobrado una víctima más en Zamora: es el mercadillo de los martes, tradicional punto de encuentro de amas de casa y clientes que buscan artículos de todo tipo con precios asequibles, que ahora presenta un aspecto insólito.

Quizá pronto la antigua normalidad le devuelva su afluencia habitual y la ciudad recupere su espacio de venta ambulante, un complemento a su comercio tradicional en el que hay puestos que cuentan ya con una clientela fiel y fija que incluso en estos últimos meses ha intentado no faltar a su cita semanal.

Fotos: Ana Pedrero

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