El Obispo de Zamora sacará la Cruz de Carne a las puertas de la Catedral el Miércoles de Ceniza para pedir el fin de la pandemia

✝️La singular reliquia está vinculada al final de la peste bubónica del siglo XIV y al de la epidemia de cólera de 1834. En ambas ocasiones salió en procesión de forma extraordinaria por la ciudad.

✝️Aunque no habrá procesiones, el prelado insta a las cofradías a celebrar todos sus cultos, con las restricciones de aforo pertinentes, y pide que se administren todos los sacramentos.

El obispo de Zamora, Fernando Valera, sacará a la puerta norte de la Catedral el próximo Miércoles de Ceniza la reliquia de la Cruz de Carne, guardiana de la salud de los zamoranos y asociada desde el medievo al final de la peste, para pedir por el fin de la pandemia.

Para destacar el inicio de la Cuaresma, en el templo mayor de Zamora se celebrará una eucaristía y se impartirá la bendición «sobre los cuatro puntos cardinales de la Diócesis» con dicha reliquia, como recoge un decreto emitido en la tarde de hoy para regular los actos litúrgicos de Cuaresma y Semana Santa de acuerdo a las restricciones vigentes con motivo de la pandemia.

Así, desde el Obispado se permite realizar el rito de la imposición de ceniza en todos los lugares donde hay culto público, respetando escrupulosamente las normas de espacio y aforo a las que obligan las autoridades sanitarias.

Para la Cuaresma, el Obispo solicita que se habiliten «espacios seguros y tiempos para la celebración de la penitencia» y para que se pueda meditar el Vía Crucis.

También insta el Obispo a que se procuren todos los sacramentos «con las debidas precauciones» y que los fieles puedan recibir la penitencia, unción de enfermos y viático tanto en sus domicilios como en los centros hospitalarios.

En lo que respecta a la Semana Santa, el prelado zamorano pide que, a pesar de no celebrar procesiones, se viva «con hondura y profundidad» y que se celebren «todos los cultos internos, actos litúrgicos y actos de piedad establecidos por las distintas hermandades y cofradías», siempre respetando las medidas sanitarias y aforos decretados por las autoridades.

La Cruz de Carne

Además de ser una reliquia con una de las leyendas más hermosas que custodia la Catedral, históricamente la Cruz de Carne aparece vinculada al fin de pandemias como la peste bubónica del siglo XIV o el cólera de 1834, ya que en ambas ocasiones salió de forma extraordinaria en procesión por toda la ciudad, como guardiana de la salud de los zamoranos.

En el año 1349, el rey Alfonso XI, reconquistó varias plazas importantes en Andalucía hasta que sus huestes fueron asoladas por una epidemia de peste bubónica, por lo cual decidieron retornar a Zamora, que también asoló la ciudad y toda la tierra de León y Castilla, acabando con la mayor parte de sus moradores. 

El venerable fray Ruperto, monje benedictino de la ermita de San Miguel, que tenía unos huertos o cortinas (de ahí la calle donde estuvo ubicada, Cortinas de San Miguel), escuchó tañir a muerto unas campanas cercanas y se arrodilló para orar y pedir el fin de la pandemia. Un ángel se apareció entonces en un olivo y entregó al monje una cruz de carne, diciendo: «Accipe signum salutem», asegurando el venerable que mientras se conservase la cruz y la devoción de sus adoradores, «no volverían a padecer semejante peste el pueblo y comarca por quien había suplicado».

Así lo explica un cuadro en la Catedral de Zamora, junto al Evangelio del Altar Mayor, donde permanece desde 1834 la reliquia, custodiada en el monasterio de San Benito desde que se obrase el prodigio a comienzos del siglo XIV, cuando fue sacada en procesión librando a la ciudad y a sus gentes de la peste.

Del tamaño de una hostia pequeña, la cruz es de carne de color leonado, envuelta y cosida en un lienzo antiguo y traspasado por algunas partes de sangre. 

La cruz se conservó en la iglesia de San Miguel hasta el año 1588, cuando los monjes pensaron enviarla a Valladolid, si bien el Ayuntamiento de Zamora hizo todo tipo de gestiones para que la reliquia no saliera de la ciudad.

Cuenta la leyenda que un clérigo incrédulo en el acto de la adoración quiso comprobar que era de carne y clavó en la Cruz una aguja que llevaba escondida, saltando un chorro de sangre a sus ojos que lo dejó ciego.

La historia nos dice que durante la epidemia del cólera de 1834 se sacó la Cruz en solemne procesión de rogativa, asistiendo la ciudad con todas las corporaciones y al año siguiente, suprimidas las órdenes monásticas, fue trasladada en devota procesión a la Catedral, donde permanece y se da a pública adoración de los fieles los días 3 de mayo y 14 de septiembre.

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