El restaurante Pozo abre sus puertas en el cielo

Fallece Laurita Hernández, viuda de Félix Pozo, una de las mejores cocineras que ha dado Zamora.

Anoche cruzaba el puente y se marchaba en silencio al otro lado del río, al otro lado de la vida. Laura Hernández, mi tía Laurita, se iba con su gran amor, mi tío Félix, Félix Pozo. Aquel hombre bueno, sobrio, trabajador, discreto, profundamente enamorado. El restaurante Pozo, emblema de la hostelería durante décadas en Zamora, abre hoy sus puertas en el cielo.

La recuerdo impecable y rabiosamente guapa, ya fuera al pie de los fogones o de punta en solfa por la calle, con su moño negro, el ojo pintado, su natural elegancia y sus labios rojos, como si siempre fuera domingo, con la sonrisa perenne y la alegría en los ojos. Pizpireta, enérgica, curranta, generosa cuando tenía y cuando no tenía. Siempre dispuesta para todos.

Es mi tía Laurita, la hermana de mi tía Maruja, dos bellezones, porcelana fina de la taurina Fuentelapeña, la cuna, la sábana, la luz primera. La hermana de Martina, la eterna Laurita del Pozo, donde tío Félix -el ying y el yang, tan perfectos en su amor- hacía los mejores asados y ella las patatas con pata y las presas de ternera como nadie. También allí recuerdo a su lado a la abuela Laura, que cumplía los años el mismo día que yo, en el abril loco y lluvioso, matriarca de una estirpe de cocineras inigualable. Y las flores de la Verónica y de la Virgen de la Esperanza, y aquella primera procesión de mi vida junto a ellas, tan cerquita de la Virgen. Cuántas veces me la recordabas!

Su sonrisa y su abrazo nos recibía en las mañanas de Jueves Santo, cuando Úrsula iba al restaurante a ponernos a todas las primas la mantilla. Primero Carmen, luego Vero…. Siempre fuimos sobrinas, las de sangre y las de corazón. Sus sobrinos y sobrinas, sin distinciones. Nuestros tíos, también sin distinciones. Y se me amontonan las Nochebuenas que eran noches-buenas de verdad primero en La Golondrina y luego en casa, y los cumpleaños y las bodas y todas las celebraciones familiares que eran un cántico a la vida. Pura vida. Y las fotos de grupo con Maruja, Toño, Lili y Félix cuando llegábamos a San Andrés. Y su abrazo, su amor, su presencia en la alegría y también en el dolor, en la salud y en la enfermedad, siempre con todos, siempre la primera, acompañando, dando sin pedir nada, sin quejarse nunca a pesar de lo que el mundo pesaba sobre sus espaldas en los últimos años. Qué injusta, qué cicatera es a veces la vida.

En aquel restaurante, pared con pared con el España, hacían hermandad en la mesa y el mantel todos los pasos de la Semana Santa de Zamora, todos; en aquella Zamora entrañable y añorada que ya no han conocido las nuevas generaciones. Y no había festejo familiar que se preciase que no pasase por aquellos muros donde, como bien me recordaba Javier Cuadrado, en la cutrez de aquellos años podía beberse algo llamado Vega Sicilia.

Anoche Laurita pasaba el puente en silencio, ya libre del dolor de los últimos años, enamorada hasta el último día, madraza hasta el último día, guapa hasta el último día. Cuánto amor has repartido a manos llenas!

Hoy el restaurante Pozo abre sus puertas en el cielo. No creo que exista un ángel más bello ni que cocine mejor que tú las patatas con pata o las presas de ternera.

Ya estáis juntos. Ya sois uno. Cuida desde arriba a Félix, a Patricia, a Rebeca y a todos los que te descienden en el amor y la sangre. Lo que más querías; los que más querías. Devuélvenos esta noche tu sonrisa desde las estrellas.

Te quiero siempre.


5 comentarios en “El restaurante Pozo abre sus puertas en el cielo

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    el 26 abril, 2020 a las 17:48
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    Muchísimas gracias por tus palabras Ana, después de lo duro y frío que ha sido despedirla en estas circustancias. No sabes lo que reconforta leer este recuerdo tan bonito de mi abuela. Un beso enorme

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    el 26 abril, 2020 a las 18:30
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    Que gran recuerdo siempre de los dos. Ana, Transmite nuestro sentir a toda tu familia y muchas gracias por acordarte de nuestra tía Ursula, la cual como sabes, también era parte de los vuestros. D. E. P.

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    el 26 abril, 2020 a las 20:01
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    Desde hoy ya hay alguien haciendo la comida de los domingos en el Paraíso. Eso que han ganado.
    Gracias por tanta paciencia con los pelmas de la Semana Santa para los que siempre tenías (teníais Félix y tú) la sonrisa, el cariño y una cocina de mil estrellas.

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    el 28 abril, 2020 a las 21:07
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    Un abrazo Ana, siempre se van los grandes.

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    el 1 mayo, 2020 a las 13:45
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    Mi tía ya está en el cielo. Que tu luz ilumine tu existencia allí. Te echamos mucho de menos,no te imaginas cuánto. Siempre en nuestros corazones y pensamiento. Cuídate y cuidanos

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