Fallece el pintor Rafa Guzmán, el eterno inconformista

No ha podido ser. El cáncer vencía ayer la batalla y Zamora amanecía hoy más pobre en lo cultural, en lo artístico y en lo humano. El pintor Rafael Guzmán Martín fallecía ayer a los 57 años en la Clínica Quirón de Madrid, después de luchar en los últimos años contra un cáncer de pulmón.

Rafa Guzmán formaba parte de la generación que yo llamo «del relevo», la de grandes pintores zamoranos como Toño Barreiro, Javier Carpintero, Ana Zaragozá, Ricardo Flecha o Ángeles Pedrero, entre otros. Muchos de ellos fueron compañeros en aquella incipiente Facultad de Bellas Artes de Salamanca y hoy son veteranos pero siempre jóvenes valores de esta tierra y profesores que dejan su poso en las nuevas generaciones de artes plásticas.

Controvertido, iconoclasta, bohemio, inconformista, provocador, desafiante, brillante, luz y sombra, Rafa Guzmán también ejerció la docencia hasta que su enfermedad le retiró de las aulas. Fue un rebelde sin causa o con muchas de ellas, quizá, hasta que en estos últimos años miraba a la muerte de frente, sin miedo, consciente de la gravedad de su enfermedad pero sin dejar de luchar y sin dejar de encajarse su elegante sombrero sobre la cabeza lisa para brindar de cuando en vez con vino de Toro en la copa o un chupito de whiski en Meneses, el Uni o el Marlene. Chico duro hasta el último aliento.

Estoico durante su dura travesía, una neumonía agravaba su enfermedad el pasado mes de diciembre. Carmen Mayor, pura delicadeza sobre el lienzo y en la vida, hacía de intendente en esa burbuja del mundo. En nuestras conversaciones telefónicas (vivía a escasos cien metros de mi casa, pero no podíamos vernos a causa de la pandemia, qué paradoja), apostaba por la vida, pero hablaba sin miedo del avance de la enfermedad maldita, de la dureza de los tratamientos y de la soledad impuesta por el confinamiento. Se definía de sus silencios hablando sin parar.

Echaba, echábamos de menos muchas cosas; quería abrazar a su madre y no preocuparla, salir, hacer vida en la calle, pasear por este casco antiguo donde decidió asentarse hace años, junto a los tilos que perfuman las primaveras y las campanas de Las Marinas.

«Tenemos que ir a Muelas, hay un cuadro que te gustó mucho hace años y quiero que tengas…» y en eso quedamos, hace apenas un mes largo, en una larga conversación que fue un repaso por la adolescencia y los locos años de la juventud, cuando nada dolía y nada se nos ponía por delante, cuando hacer top less en un recodo de las aguas era lo más rebelde que se te ocurría contra el mundo.

Iríamos a Muelas a por el cuadro pronto, cuando se pudiera, cuando la pandemia del mundo y la enfermedad de sus pulmones estuviesen mejor. Le costaba colgar, aislado de casi todo por riesgo de contagio; era la única forma de protegerle. Iríamos a su pueblo del alma, el de Satur, el de Jesús y Concha, el del Cristo Emberronao, los veranos de sol y noches en la Tomasita.

Volveríamos a su casa y primer estudio, a sus recuerdos; a ese paisaje de ensueño que guarda como un tesoro el agua, ese embalse eterno entre las rocas y verdes lomas, insondable como la profundidad de su mirada aguda, oscura, ruta hacia la Portugal hermana, tan amada.

Rafa se nos iba ayer y su esquela era hoy una bofetada en todo el rostro. No por esperado y previsible duele menos escribir sobre la muerte de un amigo, especialmente cuando cierras los ojos y vuelves la mirada a tantas cosas vividas, tantos ratos a caballo entre la alegría y el surrealismo, incluso tantas cosas bonitas con gente que se fue perdiendo por el camino. Yo prefiero recordaros juntos y amigos. Ahora eso no importa. No duele; jode, raspa, hiere, escribir tan pronto, tan a destiempo. Es como si se vaciase el alma detrás de cada palabra.

Ahora éramos también vecinos y nos veíamos mucho antes de que este virus maldito nos recluyese por imposición, antes de que salir a la calle fuese una amenaza y un beso o un abrazo una prohibición. Yo te sonreía tras la mascarilla.

La última vez que nos vimos fue en la puerta de casa, en la estrechez de la calle del Arcipreste. La cosa avanzaba, iba a peor. Hablabas de la metástasis sin miedo y del tratamiento con esperanza, con paz, quizá con la resignación y sabiduría de quien prefiere quedarse pero sabe que está listo para irse. Esa paz que no encontraste por los rincones de la vida y que espero se te ofrezca entera en el imposible, maldito cielo de los artistas.

Descansa, Rafita. Queda pendiente la excursión a Muelas, la penúltima copa y un brindis.

Te quiero.

Un comentario en «Fallece el pintor Rafa Guzmán, el eterno inconformista»

  • el 26 agosto, 2021 a las 21:09
    Enlace permanente

    El día 1 empiezo a dar clase en un instituto y me acordé del mío e irremediablemente me acordé de Rafa y esas horas divertidas y provechosas de diseño artístico. Que estará haciendo ahora? Fui feliz durante los segundos en los que tecleé su nombre y pensé en el acceso inmediato a su obra que llevo 27 años sin contemplar…de repente nada, Rafa ya no está y era mejor la ilusión de imaginarlo.

    Respuesta

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies