Hay una sirena zamorana en el cielo

En la tarde de ayer fallecía Arancha Fidalgo Bueno, hija y hermana de una conocida saga dedicada a la hostelería en Zamora, después de luchar contra un maldito cáncer de páncreas. Su luz y su alegría son el mejor legado de una excepcional mujer, la más hermosa sirena del río Duero.

Era la hora bruja en que el sol desciende naranja, incandescente, sobre el Duero, como tantas veces lo contemplamos desde la isla del Club Náutico, nuestro paraíso. Esa hora en la que el río se viste de plata y revuelan las golondrinas y las cigüeñas y comienzan a perfilarse al contraluz las torres y los campanarios de Zamora.

A esa hora, frontera del día y de la noche, en Boadilla del Monte, donde hizo su nido y su casa cuando voló desde el terruño para hacer vida y hogar, se apagaba la luz, cerraba sus maravillosos ojos verde y miel Arancha Fidalgo Bueno, la más hermosa sirena del río Duero, espigada como un junco, inmensamente bella.

La noticia me llegaba por Meli y Marta Luis, que también eran niñas cuando nosotras éramos niñas, sin que nos hayamos perdido de vista en este medio siglo que ha discurrido desde los primeros recuerdos hasta ahora, sin perder esos vínculos que se forjan para toda la vida, cerca o lejos, en nuestros primeros años.

Y me ví junto a ellas sentada en la depuradora del Náutico, o buscando disfraz para la fiesta fin de verano, o pelando la pava en la Avenida al subir de la piscina. Tantas y tantas cosas en aquellas mesas contiguas que santificaban el pan y la amistad.

Mientras su latido se detenía en la paz de los suyos, todo su amor, se agolpaban en mi cabeza y en mi corazón miles de recuerdos; aquellas mañanas corriendo en Los Tres Árboles, calentando antes de entrenar; las aguas heladoras del pozo a primera hora de la mañana, cuando cortaban hasta la respiración; mis timbrazos en casa de Maribel y Vicente y su aparecer en la puerta con la mochila al hombro y la sonrisa recién estrenada; nuestros ojos claros reventados en rojo por el cloro, las marcas de las gomas de las gafas de agua, la nariz siempre medio pelada por el sol y nuestras espaldas morenas de tanto nadar en los meses de verano al ritmo que nos marcaba Alfonso.

Era otro tiempo, otra Zamora sin piscinas cubiertas, sin equipos organizados los doce meses del año. Éramos las campeonas, el orgullo del Club, y recuperábamos en apenas tres meses todos los entrenamientos que no podíamos hacer durante el año. Yo con un estilo depurado, casi preciosista, heredado de mi padre; ella, con aquel brazo izquierdo loco que se le escapaba siempre hacia afuera pero que era imbatible en el agua; qué forma de avanzar, de deslizarse como la más hermosa sirena del Duero en las aguas. Reconocería su estilo entre miles de estilos.

Cierro los ojos y me transporto allí, a la dulce niñez, a la feliz adolescencia, a las sobremesas de cartas y parchises para hacer la digestión, las confidencias de los primeros amores, su amistad con Clarita ‘Sevilla’, dos pivones que traían loca a media Zamora. A su inmensa y generosa sonrisa, que todo lo iluminaba, pura alegría hasta el último de sus días; a los helados y polos de La Valenciana y los primeros escarceos en La Calleja, aquella hermandad fraternal entre todos los niños y los padres; al despreocupado discurrir del tiempo bajo la protección de la juventud, sin que nada nos pudiese ocurrir. Mi eterna compañera de entrenamientos, tan bella, tan divertida, tanta luz.

La última vez que nos vimos, con Viki y con Marta por testigos, hace un par de años, fue un reencuentro precioso, un culto a la amistad, a lo bonito de la vida, a las risas que curan y recomponen el alma. Y quedamos en repetir más a menudo. Después, un diagnóstico maldito y una pandemia se encargaron de trastocar nuestros planes y Arancha iniciaba el largo camino de tratamientos y lucha contra un enemigo imposible, impasible, que no perdona ni se detiene ante nadie. Ella, que era pura vida.

Ayer, cuando el sol encendía las aguas del Duero, quizá llegaba hasta Boadilla el perfume de sus noches del verano en puertas, el soplo de sus chopos ribereños, la luz naranja de estas tardes contra la piedra, nuestros pasos perdidos por la Avenida.

Arancha partía de vuelo hacia otras aguas azules y eternas y en los ojos me quemaba la sal, la impotencia de las lágrimas, que siempre van a morir al mar, y este vacío en las manos, en un corazón que va aliviándose de recuerdos, que no encuentra palabras. Contigo se va toda una época, nos roban el alma, crecemos de golpe todos los niños que compartíamos risas y merienda en la depuradora del Náutico.

Hay una sirena zamorana sonriendo en el cielo.

Buen viaje, cariño mío. Descansa, querida, hermosa Arancha.


❤️Todo mi amor para los tuyos, tus amores, tu sangre, tu marido, tus niños. Siempre a vuestro lado, Vicente y Maribel, Virginia, Curro y Eva, Michel (bar Cachito)  y Juan (Taberna Urbana El Comodín)

9 comentarios en «Hay una sirena zamorana en el cielo»

  • el 27 mayo, 2021 a las 17:16
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    Qué gran pena!! Cierro los ojos… y tengo el calor propio de las noches de verano. Ella era la reina, nuestra olímpica . Descansa en Paz y todos mis sentimientos de pesar para su querida familia.

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  • el 27 mayo, 2021 a las 17:49
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    Mi mas sentido pesame para toda su familia para ti Ana que con tanto dolor y amor nos la describes. D.E.P.
    cuanta pena!!!!!

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  • el 27 mayo, 2021 a las 22:13
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    La conocí de pequeña éramos vecinos y además amiga de mi hijo Miguel José Descansa en Paz preciosa. Y allí os veréis . Gracias Ana Cómo siempre emocionas.

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  • el 27 mayo, 2021 a las 22:36
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    La vi en el hospital Puerta de Hierro varias veces. Cada uno a lo nuestro. Cada uno con su dignidad. Arancha era todo dignidad y sonrisas. No hay palabras para tanto dolor. Un abrazo muy fuerte para toda su familia.

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  • el 28 mayo, 2021 a las 07:19
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    Un beso enorme para la familia. Es un dolor irreparable. Esa sirena en el cielo que brilla con luz propia.

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  • el 28 mayo, 2021 a las 14:59
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    Se ha ido una de mis mejores amigas, no tengo palabras para expresar la pena,la tristeza que tengo, solo lo siento muy dentro de mi alma,siento el dolor por está perdida .Voy a echar de menos, su alegría de vivir, su manera de ver las cosas, sus charlas conmigo, sus ánimos,sus consejos;siempre estaba cuando la necesitaba y eso jamás se olvida.
    Va a ser duro que no estés entre nosotros, ocupabas mucho espacio es nuestros corazones…y seguirá siendo así, jamás te olvidaré y siempre estarás conmigo en mi corazón.Te quiero Aranchita, descansa en paz.,,.,,❤️tu amiga Amalia.

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  • el 28 mayo, 2021 a las 15:14
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    Qué maravillosa y emotiva descripción!!
    Qué tristeza tan enorme!!
    Un abrazo a toda su familia y especialmente a su hermano Curro, con el que siempre tuve una buena amistad.

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  • el 24 junio, 2021 a las 17:08
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    Mi sinceras condolencias para su familia. La recuerdo en el Naútico de adolescente. Una chica que llamaba la atención por su porte imponente. Qué pena. Ana Pedrero, un gran artículo.

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