Más allá del Paraíso del Falla

(A la memoria de Juan Carlos Aragón, que acaba de dejar a Cádiz huérfana de música y de versos, huérfana de febrero y rebeldía)

Escribo junto al Duero con el alma encogida, los puños apretados, el corazón galopando, viajando hacia mi Cái, que se acaba de quedar huérfana de su amor más bonito, más grande, más reñido. Ay, mi Juan Carlos.

En la ciudad de Cádiz, su Tacita, mi Tacita, se nos acaba de ir Juan Carlos Aragón, el poeta maldito, el más provocador, el más iconoclasta, el más cabrón, el más chirigotero, el más comparsista, al paraíso de sus Ángeles Caídos.

Y yo me quedo aquí como varada, en tierra adentro, inmóvil, recuperando el pulso, cerrando los ojos, regresando a aquellos encuentros noctámbulos por La Viña que quedaron inmortalizados para siempre en las fotos que no encuentro. Juan Carlos, el príncipe de la bohemia, el último genio.

Sus versos me enamoraron, me ataron para siempre a la ciudad que canta por febrero, al teatro de ladrillo colorado, al barrio de La Viña empapado de madrugada y mar encabronado, de estrellas y barquitos de pesca sobre el agua.

Mi Juan Carlos. El más gaditano, el más republicano, el más carnavalero. Mi Juan Carlos eterno, tan grande, el más grande. El que me hacía temblar cuando estábamos cerca. El más humano, el más divino, el más irreverente, el más salvaje. Un genio. El genio.

El que me abrió la puerta a sus ensayos cuando yo era una jartible de tierra adentro escribiendo cada día para CarnavaldeCádiz.com para ser después una leona en el foso del Falla. He sido una privilegiada. Aquellas noches, aquella locura, aquella fiebre, aquella final, aquellas lágrimas.

Sus letras fueron mi guía, mi primera religión para profesar en la fe de los gaditas que nacen donde les da la gana. Y aprendí de memoria sus condenados, y sus ángeles de negras alas, sus americanos sin colonizar, y el Golfo de Cái, sus vampiros enamorados, los Parias, los Araka…todas, todos sus versos mágicos y malditos, su veneno, su amor, su poesía de trinchera, el puño en alto, el corazón el alto, su morada bandera.

Vuela con tus alas negras y grandes, maestro. Cántale al oído a Lolita la Piconera y a su hermana Pepa, celebra los goles del Carranza, rómpete la voz contra lo injusto, prolonga las noches de mayo hasta el alba, discute con el mismo Dios del que renuevas de tú a tú. Cuéntale, cántale lo mierda que está el mundo por aquí abajo, que no se entera. Por qué tú, joder.

Los niños cantarán tus versos sin condena, soplará la libertad por las calles de la Tacita silbando tu nombre, nacerán los amores en primavera. Hoy tu Cádiz, mi Cái, no tiene quien le cante.

Y yo aquí, tan lejos, no tengo quien me consuele, quien me restituya el pedazo de alma que se me acaba de ir contigo, detrás de ti, mientras mi teléfono se peta de mensajes y de whats que quieren anunciarme lo que ya sé. Este dolor, esta nada que me invade, que me quema.

Que se abran de par en par las puertas del Paraíso, si es que más allá de Puerta Tierra lo hay, si es que lo hay más allá de un portal en febrero, más allá de un Falla que hoy será capilla ardiente y mortaja, papelillos negros en la última función. Dios en el templo.

Una vez me dijiste que la claridad, la única que no quema, es la del mar, la libertad, la gaditana. Sé luz, poeta eterno de las sombras, maldito poeta que me condenaste a quererte, a amar a Cádiz por encima de mis posibilidades, ahora tan lejos.

Gracias siempre, Juan Carlos. Hasta la eternidad, capitán.

4 comentarios en “Más allá del Paraíso del Falla

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    el 17 mayo, 2019 a las 16:51
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    Magnifico homenaje para un genio que nos ha dejado demasiado pronto.

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    el 17 mayo, 2019 a las 19:20
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    Que palabras más bellas y sentidas, DEP Juan Carlos,

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    el 30 julio, 2019 a las 14:33
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    El mejor y mas emocionante panegírico que he leído sobre Juan Carlos Aragon, rezuma cariño y admiración por su persona y un gran agradecimiento por todo lo que te mostró.»Es de bien nacido ser agradecido».

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