Miguel Ángel Toranzo abre la puerta grande del cielo

El que fuera fundador y primer presidente del Foro Taurino de Zamora y presidente de la Plaza de Toros ha fallecido esta mañana a los 65 años de edad tras luchar contra una terrible enfermedad. Empleado de Caja España, casado con Margarita Ferreras y padre de tres hijos, Miguel Ángel se había estrenado como abuelo hace apenas quince días. Su lucha finalizaba hoy, pero aquí, en la tierra, deja la herencia de su trabajo bien hecho, de su forma serena y cabal de afrontar las cosas, incluso el mirar de frente a la muerte. La misa de funeral será mañana a las 12 horas en la iglesia de San Nicolás de Bari de su querido Villalpando, donde hoy amigos y familiares han velado sus restos mortales.

El último sol de la tarde caía sobre la Tierra de Campos, donde hunden sus raíces tu sangre y la mía. Entre lágrimas he detenido el coche mientras Villalpando se hacía pequeñito en el retrovisor. Todo era hermosura en esta tarde, en este otoño que entra tan triste.

Cuando uno despide a un amigo, es como uno de esos palomares de barro que se recortan solitarios en el horizonte: firmes, eternos, aislados del mundo. Y he querido ver tu sonrisa abriéndose paso entre las nubes que anuncian lluvias, que presagian tormenta. Esa luz que siempre se abre en todo lo negro.

Miguel Ángel Toranzo ha sido con Paco, Francisco Moro, el tándem perfecto; el perfecto engranaje para que echase a andar el Foro Taurino de Zamora. Sin buscar nada, sin protagonismos, con ese trabajo sordo, callado, como la música del toreo, sin prisa, sin pausa. Con tantos sueños cumplidos que son inmortales en la cámara de Arturo; tanto vivido: tu trato exquisito a los chavales que quieren ser algo en esto, los sutiles matices cuando evaluábamos cada tienta del Bolsín con Feliciano y el maestro Pascual Mezquita; la alegría, responsabilidad y el orgullo de verte al frente del palco de Zamora, aquel día histórico en que Vargas Llosa vino a Toro y brindamos con su vino oscuro por el futuro y por la vida. Tanto por vivir.

Aficionado cabal y serio, de imponente presencia –tan grande por dentro como por fuera-; amigo leal, tan sin fisuras para los suyos, entre los que he tenido la suerte de sentirme, de encontrarme, desde que la vida me hizo el regalo de cruzarnos; compañero siempre amoroso, siempre enamorado de Marga, su ángel de ojos verdes en la tierra, en la vida. Qué suerte has tenido teniéndola; qué suerte vuestro amor como una roca, vuestra familia, vuestros hijos, tus hermanos, vuestra sangre como una piña, una sola cosa, todos contigo, en ti.

Las campanas de San Nicolás pregonaban esta mañana la muerte al cielo de Villalpando; tristes, solemnes, cadenciosas. La cofradía de la Vera Cruz ha pegado sus pasquines de luto, haciendo el ejercicio de fraternidad con los hermanos que pasan al otro lado de la vida. Firme también en la fe, esa fe tan necesaria en un mundo descreído, quiero pensar que esa Virgen que preside tu WhatsApp -ese que ya no se conectaba desde hace días-, donde rezaba «su protección es algo más», ya te acoge bajo su manto azul, inmaculado, ahora que regresas a esa Tierra de Campos y de surcos, esa Tierra de María, de dogmas, de cereal, de palomares a cielo abierto.

Conozco bien la lidia a puerta cerrada, la valentía de mirar a la muerte de frente, de poder a poder, sin recular en tablas en los días más duros, citando de frente, clavando los pies en la arena, apretando los dientes. Esa lidia en el ruedo de la vida, en la intimidad de los que te quieren; en los quirófanos, en los pasillos de un hospital, en las largas sesiones de quimio donde los pasillos huelen a lejía, a dolor y a esperanza. Fui mozo de espadas de otro torero que, como tú, echó la pata ‘pa alante’ dictando una lección de serenidad, de amor, de vida. Es vuestro ejemplo, es vuestro legado, es el tesoro que nos dejáis a quienes os acompañamos en la travesía. Y eso no puede borrarlo ni siquiera la muerte.

He ido a tu Villalpando a despedirte, a desearte buen viaje, a darte las gracias por tu amistad, por tu vida, por el poso de tantas cosas buenas como me dejas, porque estuviste a mi lado cuando todo era oscuro.

Cuando regresaba con el corazón roto he detenido el coche mientras se moría el día. El último sol iluminaba la Tierra de Campos, allá donde todo lo que somos comienza. Todo era triste y hermoso, como ese palomar solitario que se recortaba contra el horizonte en medio de la nada.

Vuela, amigo. Vuela y descansa, mi querido Miguel Ángel Toranzo. Que se abra de par en par para ti la puerta grande del cielo.

Te quiero siempre.

Fotos: Arturo Delgado

3 comentarios en «Miguel Ángel Toranzo abre la puerta grande del cielo»

  • el 23 septiembre, 2021 a las 21:53
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    Lo siento muchísimo. Un buen amigo. Una maravillosa persona. Todo mi cariño para su familia a la que quiero.

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  • el 23 septiembre, 2021 a las 22:28
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    Lo siento mucho. Un abrazo a su esposa Marga y a dus hijos .

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  • el 12 octubre, 2021 a las 23:10
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    Deseo Dios les de fortaleza a toda su Familia.

    Lamento mucho su perdida

    Paz a su alma y Dios lo tenga en la gloria.

    Dios Bendiga a su Familia ❤️

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