Villalar se convierte en una fiesta gastronómica con un arroz a la zamorana para 300 comensales

La caseta de los Dulzaineros ofrece cada año el delicioso plato zamorano cocinado por un grupo de mujeres de los músicos de la Escuela de Folclore.

Dieciocho kilos de arroz, 15 patas de cerdo, 15 orejas de cerdo, 1 kg de jamón serrano, dos morros de cerdo, 3 costillares (10 kg) de costillas adobadas, 5 kilos de chorizo tierno, 10 piezas de pimiento rojo, 5 cabezas de ajo, 10 cebollas, 5 litros de aceite.


Orégano, tomillo y perejil al gusto (dos puñados de cada) y laurel (del mejor, del huerto de don Eduardo, de Tábara).


Treinta litros de agua más ocho litros de la cocción del morro, la pata y la oreja, pimentón dulce al gusto y sal al gusto.

No. No nos hemos vuelto locos. Las cantidades corresponden al arroz a la zamorana que cada año, cuando llega el 23 de abril, prepara un grupo de mujeres zamoranas en La Caseta de los Dulzaineros, en la campa de Villalar, para más de trescientas personas.

El rito, que se repite desde hace casi 30 años, reúne en torno al delicioso plato zamorano a los mejores dulzaineros de Castilla y León y amigos. En el caso de Zamora, los músicos están representados por un grupo de profesores y alumnos de la Escuela de Folclore del Consorcio de Fomento Musical, con Alberto Jambrina a la cabeza y su inseparable Pablo Madrid.

Trescientos comensales

La jornada comienza pronto en Zamora, cuando el grupo se desplaza a Villalar. Allí, Jambrina y el resto de dulzaineros organizan un festivo pasacalles por Villalar, mientras las mujeres del grupo se ponen manos a la obra.

Comandadas por Belén Gómez Vega y Marce Rodríguez (cocineras profesionales, aunque no estén en ejercicio), lo primero que hacen ests mujeres es distribuir de forma equitativa los ingredientes en dos enormes paelleras, donde irán elaborando el plato siguiendo las mismas pautas y tiempos.


Todo el grupo ayuda en los prolegómenos del arroz, tanto en la cocina como en la compra, que prepara Mari en el supermercado de su propiedad de Corrales del Vino. Así, todo llega a Villalar ya cocido desde Zamora, bien troceadito, picado y preparado y en distintos tupper, tareas que se reparten entre todas.

Ya en la caseta de la campa, comienza el rito con el encendido de las dos grandes paelleras donde lentamente, con mucho amor y la sabiduría de tantos años (y también pasando mucho calor y haciendo brazo removiendo con enormes cucharones de madera, que de ello da fe quien esto escribe), el grupo comienza a preparar el sofrito y a añadir los ingredientes y a dorar las costillas y a comer hasta que el arroz alcanza su punto óptimo.

Es entonces cuando la caseta es una fiesta y los comensales disfrutan de tan delicioso plato. El precio del menú es una contribución voluntaria de cada uno en unas huchas instaladas en la caseta.

Como cada año, en la realización de este arroz colaboran el Ayuntamiento de Villalar, el Bar Viriato y diferentes marcas zamoranas que además ceden sus productos, bien para regar la jornada, como Bodegas Fariña, Bodegas Ramón Ramos (Montetoro) o bien para alegrar el aperitivo, como Vicente Pastor con su insuperable queso.

Como postre, además de maravillas caseras aportadas por el grupo y de la animación que ya no cesará en toda la tarde en la caseta, es obligatoria una gran ovación de lujo para unas cocineras de lujo: Belén, Marce, Kati, Yolanda, Marisa y Cristina, con ayudas técnicas importantes de Goyo, Julio o Jorge, aunque sólo sea como catadores del proceso, que son mucho más, tanto preparando este arroz como en la vida.

Bravo por ellas.

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