Zamora bajo el otoño

El otoño se ha instalado en el cielo de Zamora con lluvias y tormentas, con un horizonte efímero que pasa, que descarga su furia y sus relámpagos, que se apacigua y clarea y después se oscurece caprichoso y pinta el infinito de una belleza imposible.

La piedra dorada resurge bajo el sol de septiembre que aún calienta con fuerza, que pica en la piel; sol de agua, sol de sementera y de vendimia. Y la ciudad medieval pareciera eterna desde el puente, imbatible en el abrazo de su muralla, duplicada en las aguas del Duero, espejo de su románico, de sus aceñas, del conglomerado de casas que pregonan la vida. Leyenda e historia que perviven sobre los días que se acortan, que mueren cada vez más pronto.

Zamora bajo el aguacero del otoño es si cabe aún más bella. Esculpida, cincelada en lo eterno.

Fotos: Ana Pedrero

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