Zamora, tan sin tiempo

Y de repente surges sobre el agua, contra el horizonte en brasas, piedra sobre piedra, románica, cincelada; tan hermosa entre dos luces, con la primavera a tus pies. Y es imposible no amarte como yo te amo, no contemplarte en silencio, besarte con los ojos.

Belleza, sólo belleza, en la última luz, antes de que todo sea oscuro, con un Duero de plata que no cesa en su cántico de agua y de vida, corazón, pulmón líquido de una ciudad que bebe cada día de su caudal generoso y fértil, que es nuestra sangre, nuestro vino, nuestra fuerza.

Anochece en este mes junio recién estrenado de días largos, cielos inanarcables, soles que no se apagan más allá del ocaso.

Zamora, tan hermosa y tan sin tiempo.

Foto: Indalecio Campano

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