¿Cuál fue el menú de la Última Cena?

Sin duda La Última Cena de Jesus con sus discípulos es, al menos hasta día de hoy, “la cena más famosa de la Humanidad” y, si a los evangelios canónicos acudimos, claro queda que el pan y el vino fueron los protagonistas indiscutibles; pero sin duda alguna, algún alimento más debió haber sobre la mesa… Lo cierto es que, casi 2000 años después, el menú de aquella tarde sigue siendo un absoluto misterio, aunque no por falta de hipótesis y teorías.

Paso de la Santa Cena de Zamora

En principio, la cena se sitúa en una fecha concreta, el jueves 6 de abril del año 30 de la era cristiana; y tuvo lugar en una mansión en la cima del monte Sion, la vivienda habitual de la familia Marcos.

Durante la velada, dos relevantes acontecimientos tuvieron lugar, haciendo que los detalles culinarios de la misma pasaran a un segundo plano. A media cena, Jesucristo anuncio que uno de los comensales era un traidor: «El que acaba de servirse de la misma fuente que yo, ése me va a entregar» (Mateo 26, 23). Claro queda por tanto que algo más que pan y vino había en la mesa, aunque en ningún momento se llega a indicar el contenido de dicha fuente.

El segundo momento importante a lo largo de la cena, y en este caso más que importante, trascendental, fue la institución de la Eucaristía, acto que se considera fundacional de la nueva religión cristiana: «Durante la cena, Jesús tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: “Tomad, esto es mi Cuerpo’. Luego tomó una copa, dio gracias, se la entregó y todos bebieron de ella. Y les dijo: “Esta es mi Sangre, la Sangre de la Alianza, que se derrama por todos. Os aseguro que no beberé más del fruto de la vid hasta el día en que beba el vino nuevo en el Reino de Dios”» (Marcos 14, 22-25).

Claro queda que la transustanciación del pan y el vino en el cuerpo y sangre de Jesucristo fue el momento cumbre del convite; sin embargo, ¿qué sabemos del resto de alimentos que se sirvieron durante la velada?

En palabras del periodista y escritor Javier Sierra, autor deLa cena secreta (Ed. Plaza & Janés Editores), «sólo podemos elucubrar el posible menú de aquella importante cena, basándonos en la tradición que la Iglesia católica popularizó a partir del siglo IV».

Durante siglos, y basándose en el relato de los evangelios sinópticos –Mateo, Marcos y Lucas-, se ha creído que la cena se celebró al atardecer del «primer día de los ácimos», primer día que debe comerse pan ácimo (sin levadura en la masa) antes de la Pascua. El Pésaj o Pascua judía es la fiesta más importante de la tradición hebrea, en la que el pueblo recuerda su salida y liberación de Egipto -el pan que se emplea en ella es ácimo porque en la huida los israelitas no tuvieron tiempo de hacerlo con levadura-.

Según la tradición judía, en tal fecha debe comerse cordero, recién sacrificado según los ritos propios de tal festividad, acompañado de hierbas amargas, pan ácimo y vino. El cordero, además, se ha convertido en uno de los iconos más populares del cristianismo y encierra una gran carga simbólica: después de la cena, Jesucristo, «el Cordero de Dios» iba a ser inmolado para salvación de la Humanidad.

Sin embargo, desde hace algunos años, toma fuerza la versión ofrecida en el evangelio de San Juan, según la cual no pudieron tomar cordero, ya que la cena se produjo un día antes de la tradicional fiesta judía. Esto mismo fue refrendado, en el año 2007 por el Papa Benedicto XVI, quien afirmo que «Jesús celebró la Pascua con sus discípulos probablemente con el calendario del Qumran, y por tanto un día antes de la Pascua judía y fue celebrada sin el cordero».

En el año 2015, los arqueólogos italianos Generoso Urciuoli y Marta Berogno pudieron reconstruir una lista de posibles platos que habrían comido Jesucristo y sus discípulos más cercanos en la Última Cena. Comparando datos históricos y las pistas que proporcionan las pinturas de las catacumbas del siglo III d. C., los investigadores lograron reconstruir los alimentos y los hábitos alimentarios de la Palestina de hace dos milenios. Basándose en sus estudios, los arqueólogos opinan que el menú de la Última Cena podría haber incluido un cocido de verduras llamado ‘cholent‘, ‘jaroset‘ (un plato de sabor dulce), aceitunas con hisopo, hierbas amargas con pistachos y pasta de nuez.

           

Cinco siglos antes, Leonardo da Vinci, dejo inmortalizado un fresco en el refectorio del convento dominico de Santa María delle Grazie de Milán, inmortalizando La Última Cena de Jesus y sus Apóstoles, convirtiéndose con el paso del tiempo en todo un icono universal de aquel acontecimiento. En su interpretación pictórica, el genio del Renacimiento sirvió un menú de lo más sorprendente: anguila a la parrilla con rodajas de naranja y granada. Ahí queda eso.

última Cena de Leonardo da Vinci

Leonardo no respeta ninguno de los elementos que tradicionalmente la iconografía cristiana había utilizado a la hora de representar la Última Cena: «Pescado en lugar de carne, el alimento fundamental de la dieta hebrea; naranjas y granadas en lugar de hierbas amargas; ni rastro del cordero pascual… Su menú es tan políticamente incorrecto como el resto de la obra, aunque durante años, debido al mal estado de la pintura, este tema pasó desapercibido», sentencia Sierra, en su obra antes citada.

Hay quien dice que Leonardo se decantó por este menú vegetariano quizás influido por esa tradición que lleva a los católicos a privarse de la carne durante los viernes de Cuaresma y Semana Santa. Claro que esta tradición, como el supuesto menú de la Última Cena, también está siendo en la actualidad revisada por la Iglesia católica.

Artículo basado en “Los Alimentos de la Última Cena”

[Texto: Maribel González. Magazine. El Mundo. Nº 4957. 05.04.09]  

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