Tierra de demonios

Los cencerros del Zangarrón ya están mudos y vuelven al silencio las calles de Montamarta. Ya duermen los diablos y demonios. Las mascaradas de invierno han escenificado un año más la lucha entre el bien y el mal, entre lo nuevo y lo viejo, entre un año que finaliza y otro que comienza.

Son las tradiciones, los ritos atávicos, sacros y profanos que unen a los pueblos a ambos lados de La Raya.

Diablos, tafarrones, obisparros, madamas y zangarrones han anunciado un tiempo nuevo, han asustado a las gentes y han posado la rodilla en la tierra ante el Dios Niño. Por delante queda un año en blanco hasta que sus espíritus resuciten y corran las calles nuevos quintos, la savia joven que regresa a los pueblos en Navidad o en agosto.

Somos los zamoranos, todos y cada uno de los que poblamos esta provincia, los encargados de hacer de cada día un tiempo mágico, de que no se apague la voz de nuestros pueblos, esa voz de la #EspañaVaciada de la que todo el mundo habla pero a la que nadie le pone remedio. Somos un eslabón más en la cadena maldita de la despoblación y el silencio, en este éxodo constante de la España rural que tiene que ganarse el pan lejos de la tierra.

El olvido es nuestro peor demonio, el que nos azota las espaldas a través de los siglos. Y no es una mascarada en los doce días mágicos del año. El olvido no descansa ni apaga sus señales de alarma durante todo el año, nos acecha, nos persigue. Nos asusta. Tanto silencio, tanto, en nuestros pueblos sin niños, pueblos de calles y escuelas vacías.

Somos nosotros los responsables de luchar contra ese demonio que ha desangrado a la provincia lentamente en esta tierra de demonios que lleva escuchando demasiado tiempo el sonido sordo de sus esquilas.


📸 Charo Antón

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