Desde la orilla izquierda

La niebla aún no se ha posado sobre el río. Junto al Duero la noche se anuncia más fría, más húmeda, más silenciosa, para escuchar el conjuro del agua que nunca cesa, que siempre susurra a los pies de la ciudad.

Zamora se ilumina en la luz de la frontera y muestra orgullosa su factura románica, su Catedral maciza, el abrazo peremne de la muralla, la piedra dorada en diálogo continuo con las aguas, espejo eterno. Más abajo, a pie de orilla, las aceñas medievales del barrio de los olivos y los alfareros, Olivares, guardan los secretos de la molienda y los oficios, misereres de abril, supervivencia, memoria.

Desde la orilla izquierda, al otro lado del río, en la playa de Los Pelambres, Zamora se alza cada día imponente, mágica, entre los árboles que pierden sus hojas y tapizan de nostalgia las verdes praderas del verano. Tan bonita cuando nadie la contempla.

En esta soledad de diciembre, tan gélida, tan queda, tanta calma, siempre quedan bancos donde esperar la primavera.

¡Qué hermosa eres!

📷 Foto: Indalecio Álvarez Campano

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