El Duero encendido en brasas

Cesa la ola de calor que ha azotado sin piedad nuestra carne, nuestra sed, nuestro paisaje, pero el Duero necesitaba encenderse en brasas

Zamora se dibuja sobre un horizonte de fuego, sobre un arcoiris imposible que brota desde el Puente de los Poetas, que siempre le cantaron. Lejos, cerca del mar, nuestro amigo Nates ya contempla para siempre las aguas de su Cantábrico querido y rebelde, cuna, sábana, estrofa eterna.

Este cielo lejano de la meseta se ilumina antes de ser noche para desearle buen viaje hacia la luz, para recordarle que un pedazo de esta ciudad de piedra, esta eterna línea de campanarios, torres, cúpulas y corazones, siempre viajará allá donde vayan quienes tanto la han amado.

Así cae levemente la noche hoy sobre Zamora y sus tejados desde la Playa de Los Pelambres, frente a la ciudad orgullosa que siempre se yergue, versículo románico en la biblia de la vida. Así se posa el silencio murallas adentro, sin pedir permiso.

Arde, llora y discurre el Duero que hoy necesita ser fuego, rescoldo en la noche, estrella en tierra firme; así este horizonte infinitamente bello mostrándonos el camino hacia lo alto, la senda de la luz.

Sea la paz siempre el reposo de los que duermen.

📸 Fotos: Ana Pedrero

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