La sonrisa de Dios

Desde el monte de San Miguel, Toro es una pequeña mancha al otro lado del Duero que se enciende con la última luz del día. Zamora queda lo suficientemente lejos para imaginar las puertas del museo abiertas, la plaza de Santa María desbordada, la primera procesión de los niños.

Hoy es Domingo de Ramos. La primavera ha venido generosa y el cambio de hora prolonga los días. Aquí, donde todo es paz, es difícil pensar que Zamora a estas horas estaría llena de bullicio y alegría, de palmas doradas y ropas de estreno. Aquí, donde sólo los pájaros rompen el silencio y el laurel florece sin pedir permiso, no se escuchan los hossanas recibiendo al Hijo de Dios ni las marchas de gloria abriendo las puertas a una nueva Pasión.

Como cada domingo el campo, el cielo raso, tan azul, es el refugio de mis soledades, este paraíso que me abstrae del mundo. El monte de San Miguel cura mi alma.

Hoy es Domingo de Ramos y Zamora abre los brazos pero cierra sus ventanas. Es la ley de la pandemia.

Prefiero pensar que esta mañana me quedé dormida cuando pasaba la procesión de los ramos, la bendición de las palmas. Y cierro los ojos y escucho la procesión de La Borriquita por las calles de la infancia.

En los rostros de los niños reconozco la sonrisa de Dios.

Fotos: Rafa Lorenzo/ Ana Pedrero

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