Una promesa en el aire

(A mis hermanos de paso del Jesús Luz y Vida, por tantos años y tantas cosas)

El aire es cálido y húmedo en esta tarde de primavera. Al otro lado del río, en el cementerio, como si el Duero separase la vida de la muerte, el aire siempre tiene un soplo más triste, más frío. Es la memoria del dolor, el roto en el alma de entregarle a la tierra a los que amamos, el eterno regreso a la nada, al polvo del que venimos. Algún día serán otros, herederos de nuestro sitio en las andas, quienes nos lo llevarán en la noche de un sábado como hoy.

Todo es silencio, calma, en ese bosque de cruces que conforman las miles de tumbas de los zamoranos que custodian el sueño de los que se nos han ido. Ausencia, solo ausencia, bajo los cipreses que apuntan al cielo.

El aire es cálido y húmedo esta tarde; hoy debiera ser caricia y consuelo en la mano siempre abierta de nuestro Jesús, el que camina sobre nuestros hombros para prometer Luz, Vida y Resurrección frente a los muros del cementerio al igual que caminó sobre las aguas del mar.

Nuestra tarde. La de los abrazos y los reencuentros, la de la túnica recién planchada y el pañuelo blanco al cuello, la del último tallaje en el atrio de la catedral, después de la aceitada y el chupito que nos hermanan fuera de la mesa, antes de levantar el paso y perdernos por las cuestas que descienden hasta el río; antes de que florezcan blancas las flores de la memoria en el crucero del cementerio.

Nuestra tarde. La de las campanas de las Dueñas saludando a nuestro Jesús vivo camino del jardín de la muerte; la del último esfuerzo en el regreso por la Cuesta de Pizarro, cuando ya pesan hasta los párpados y la noche es cerrada sobre la cúpula.

Nuestra tarde, la de abrazar el banzo y acompasar el ritmo del caminar y del latir. Y sufrir ahí abajo cuando se clava el hombro, y rezar ante las puertas del cementerio para nosotros, en voz baja, un padrenuestro por los que nos faltan y por los que compartieron camino, mesa y penitencia con nosotros. Ahora son estrellas que nos guían en la noche.

El aire es cálido y húmedo en esta tarde de Sábado de Pasión y será frío por la noche, con ese frío de procesiones que cala hasta los huesos. Allí, en el cementerio, es más frío aún. Allí duele. Todo duele. Tanto.

Pero es el aire el que susurra hoy por las callejuelas de San Atilano la promesa que cada año renovamos mientras nuestro Jesús se eleva sobre nuestras cabezas y camina majestuoso por las calles. Llegará el día de la alegría y el reencuentro, la luz ahora que el mundo vive a oscuras.

No busquéis entre los muertos al que está Vivo.

(Os quiero. Os echo de menos, hermanos)

Foto: Dacio Crespo (Sábado de Pasión 2021)

Fotos: Alberto García Soto/ Jesusario

Fotos: Ana Pedrero

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