Larga vida a Sus Majestades los padres

Los que rondamos y pasamos los cincuenta, hace tiempo que no dejamos los zapatos junto a la chimenea ni bandejas con pastas y licor; que no escribimos cartas, si poco lo que deseo y necesito.

Con los años la ilusión quedó olvidada en algún recodo de la vida; dejé de escuchar camellos y pasos reales de madrugada del 5 de enero por el tejado. Ya no amanecemos con el salón repleto de juguetes, aquella emoción, aquel asombro infantil que te cortaba hasta las palabras.

La vida, los años, me han ido enseñando que la magia proviene de quienes que nos curan sin mercromina las heridas del alma y los fracasos; nos acogen cuando el mundo se hunde, cuando todo lo demás falla y somos como niños perdidos en el infinito.

He aprendido que los auténticos Reyes son de carne y hueso y sangre roja, que andan sin corona por la vida;.que no vienen de Oriente, que caminan con los pies pegados a la tierra y las manos generosas; que recogen nuestros pedazos si caemos en pleno vuelo y nos recomponen con el invisible pegamento de su presencia, de sus abrazos.

Magia es edificar una familia piedra a piedra, estirar las nóminas, querer sin tiempo, perdonar sin cuestionar, ensanchar el corazón, mantener las puertas y los brazos siempre abiertos.

Nuestros Reyes llevan prendida la Estrella de Belén en sus ojos y nos iluminan el camino cuando todo es oscuro, incluso cuando no queremos ver. El mayor regalo, mi corona, mi reino, la alegría y la magia son ellos. Mía la suerte de tenerlos en este tiempo inmisericorde que tanta vida, tanta experiencia, tanta magia se está llevando, que tantos tronos deja vacíos en la humildad de una simple silla.

Ahora, contra la madrugada, cerraré los ojos; juraré haber escuchado los pasos cortitos de los Reyes en el tejado mientras mis padres duermen despreocupados en las habitaciones de al lado. Seré aquella niña rebelde pero sentida de corazón que no sabía que vivía con los Reyes, los auténticos Magos, y esperaba a Melchor, Gaspar y Baltasar con el corazón galopando y sin poder conciliar el sueño cada 5 de enero.

Larga vida a Sus Majestades Los Padres, mis Reyes.

Foto: Juan Pelegrín

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