Quisiera ser viento

Quisiera ser el viento inquieto que te acaricia el rostro, el aire que juega con sus dedos invisibles a mover tu liviano manto negro, ese manto de mujer viuda que enmarca tu cara de niña, las lágrimas de cristal que alivian la sed de la tierra, la boca entreabierta, los labios que guardan el último beso.


Manto que resguarda a Zamora cuando asomas cubierta de luto y hermosura por la puerta de San Juan y la ciudad se echa entera a la calle sólo por verte, sólo por acompañarte en los días de dolor y muerte, en la Soledad de quien lo ha perdido todo y entrega su bien más preciado a la tierra.


Así caminas entre miles de mujeres y madres cuando cae el sol en el Sábado de Gloria, sábado que santificas con tu presencia por las calles y Zamora se asoma a ventanas y miradores o te espera de pie en las aceras. Y es ese aire que juega con tu manto el que te entrega los besos que van y vienen desde miles de labios a tu imagen, a tus benditas manos entrelazadas en las que cabe el mundo entero; y esos otros besos de miles de miradas, si también se besa con los ojos, si tus párpados caídos y tu mirada baja son el mismo beso de Dios.


Soledad de Zamora, esta tierra de soledades y nazarenos, de surcos y de silencios, de cruces y ausencias. Soledad en un año de soledades y muerte, de enfermedad y confinamiento, en que un virus ha puesto al mundo de rodillas mostrándonos la fragilidad de los hombres, que a veces nos creíamos dioses.


Tú eres la Madre, el camino, la ternura, la belleza del silencio ante la muerte, la fortaleza de quien entregó desde su vientre la vida, el amor, la luz del mundo.


Quisiera ser el viento inquieto que te acaricia el rostro, el rayo de sol que se cuela a mediodía en San Juan, el aire que se queda prendido a tu manto negro, a tu blanca toca, a las suaves ondas que enmarcan tanta belleza, tanto amor ya sin palabras descendido a las entrañas, al abrazo frío del sepulcro.


Soledad de Zamora, Virgen Guapa cuyos pies desnudos caminan sobre el alma del pueblo zamorano, que se entrega a ti sin guardarse nada, que rinde a tu humildad en la tierra honores de reina del cielo, uniendo en tu frágil figura lo efímero y lo eterno, la vida después de la vida.


Quisiera ser el aire que pasa y retorna, que consuela y cura tu dolor y los dolores del mundo en tiempos de pandemia, tiempos de soledades y vacíos tan nuestros, tan dentro.


Vida, dulzura, Soledad de Zamora, Virgen Sola que Zamora entera acompaña, que guardas en tus manos los deseos de una ciudad que te sueña y te reza.

Fotos: Jesús Salvador

Un comentario en «Quisiera ser viento»

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    el 3 abril, 2021 a las 23:10
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    Que bien escribes y que bonito suena al leerlo. Gracias por regalarnos éstas palabras que son preciosas y describe como es Zamora y sus gentes.

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