San Atilano se convierte en un jardín de vida en Todos los Santos

Miles de zamoranos acuden al cementerio en una jornada de oración y recuerdo.

Las flores han convertido un año más el cementerio de San Atilano en un jardín de vida.

Miles de zamoranos han acudido al camposanto a honrar a sus fallecidos en los últimos días. También hoy desde primera hora el cementerio era punto de encuentro de centenares de personas, con el tráfico regulado por la Policía Municipal y los accesos al recinto colapsados de vehículos y personas.

Una fuerte tromba de agua obligaba hacia la una de la tarde a desalojar el cementerio en una jornada desapacible de viento pero de temperaturas de veinte grados, muy superiores a las habituales.

En la capilla del cementerio la imagen de Jesús Luz y Vida recibe a quienes se detienen a rezar. También el Cristo de laa Benditas Ánimas está ya dispuesto para recorrer mañana las callejuelas de San Atilano.

Muros adentro, la pena y el recuerdo se mezclan con un día festivo en memoria de quienes nos precedieron.

Crisantemos blancos en la tumba de Claudio Rodríguez que hiciera Luis Quico, su amigo, que también reposa ya con todos los suyos, demasiado pronto, bajo la blanca paloma de mármol en recuerdo de Selina. Silencio bajo la lluvia en la tumba del Maestro Haedo, que llenó de música la vida de los zamoranos.

Rosas malvas, nazarenas, sobre la lápida del imaginero Ramón Álvarez, autor de La Soledad, Nuestra Madre o la dulce Verónica. También rosas rojas en el mausoleo de los García donde reposa Alfredo, aquel patriarca gitano que hizo de la palabra la ley.

El cementerio de San Atilano es punto de encuentro y de oración en unos días en que vivos y muertos se dan la mano. Y millones de flores mantienen viva la memoria de los que ya partieron.

Solo el amor es más fuerte que la muerte.

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