Toro, el más bello remanso del Duero en Zamora

Su patrimonio, su gastronomía y la calidad humana de sus gentes hacen de la ciudad un destino ideal para una escapada a tan solo una hora y media de Madrid, en plena Autovía A-6.

Si preguntamos por uno de los enclaves privilegiados de Zamora, probablemente la fértil Vega toresana sea una de las vistas más hermosas y valoradas por los zamoranos y por quienes visitan la provincia, que encuentran en la Ciudad de Doña Elvira un tesoro patrimonial, paisajístico y humano de primer orden.

Toro, cuna de reyes y de leyes, de artistas y de músicos, está enclavado allá donde el Duero se hace belleza coronado por la cúpula de la Colegiata de Santa María la Mayor, que se refleja cada día orgullosa en sus aguas, junto al viejo puente recién restaurado.

Palacetes, iglesias y conventos conforman el trazado de sus calles donde permanece indeleble la huella de sus casas nobles y sus fachadas blasonadas, a caballo entre la historia y la leyenda.

El románico mudéjar se hace presente en sus iglesias y sobre todo el conjunto destaca la imponente factura románica su Colegiata con su espectacular Pórtico de la Majestad -donde se custodia el cráneo de San Valentín, el santo patrón de los enamorados- que, junto con la Catedral de Zamora y la Catedral Vieja de Salamanca, conforman las tres cúpulas del Duero.

Edificios civiles como su Palacio de las Leyes (algunas de las cuales siguen vigentes); el Hospital de la Cruz, el palacio de Valparaíso, el palacio de Rejadorada (donde fue ajusticiada la heroína Antona García) o el palacio de los Condes de Requena, donde hoy está ubicado el Consejo de la Denominación de Origen de su famoso vino, su mejor embajador, hablan de un pasado glorioso en el que Toro tenía jurisdicción y representación propia en Cortes.

Destaca asimismo su histórica plaza de toros edificada en 1828 y declarada BIC con el máximo grado de protección por la Junta de Castilla y León, integrada en conjunto con el Teatro Latorre, o su famoso Arco del Reloj, del que la leyenda dice que sus piedras están ensambladas con argamasa hecha con vino.

Y si Toro es una maravilla en la superficie no hay que olvidar que en su subsuelo hay otra maravillosa ciudad subterránea que conforman sus bodegas históricas, algunas visitables, como la de su propio Ayuntamiento.

Gastronomía y fiestas

Además de su vino tinto, que ya se servía en las copas de los reyes en el Medievo y que fue el primero en atravesar el Atlántico en las travesías de Colón, Toro tiene una huerta de primerísima calidad así como una zona de tapas, una gastronomía, una repostería y una hostelería que hacen de la ciudad un destino ideal para una escapada a tan solo una hora y media de Madrid, en plena Autovía A6, y a menos de veinte minutos de Zamora capital.

En cuanto a sus fiestas, el pueblo toresano, amable, hospitalario y acogedor como ninguno, se vuelca en sus celebraciones que se suceden durante todo el año, comenzando con su tradicional Carnaval o su impresionante Semana Santa (declaradas ambas de Interés Turístico Regional), así como en las fiestas de San Agustín, en agosto, las de la Virgen del Canto, en septiembre, o la Vendimia, en octubre, que convierte a Toro en epicentro de la cultura del vino y de la alegría.

Si es por razones, motivos sobran para conocer Toro, adentrarse en sus calles y disfrutar con sus maravillosos y recios moradores.

GALERÍA. Fotos: Rafael Lorenzo

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