Crónica de desalojo, solidaridad y compañía

❤️🔥 Más de 5.800 vecinos de 34 localidades han sido evacuados por los incendios de Aliste y Tierra del Pan. La sensación es un poco caótica, quizá por la magnitud que han cobrado ambos fuegos, que ha desbordado cualquier previsión.

❤️🔥 En Ifeza, la Ciudad Deportiva o el pabellón de Carbajales las necesidades materiales y alimentarias están cubiertas. Pero hay miles de personas, muchas de ellas de avanzada edad, que agradecen la compañía, el abrazo, la palabra.

Los cánticos infantiles, risas y palmas de los niños, distraídos por varios monitores en la misma puerta del Ente Ferial de Zamora, contrastan con el silencio profundo y el desconcierto de los mayores, que han sido evacuados de sus casas, de sus pueblos, con lo puesto. 

Su entereza, su dignidad, sobrecoge; saben que todos sus bienes peligran y saben también que muchos de los suyos se han quedado como voluntarios luchando contra las llamas, haciendo cortafuegos, en dos pavorosos incendios que devoran la provincia de Zamora y ponen de manifiesto la escasez de medios, la falta de previsión y efectivos de la Junta de Castilla y León. 

En cifras

Las cifras oficiales hablan de dos víctimas mortales, un herido muy grave y más de 5.800 evacuados. Pero no son cifras, no son números. Daniel Gullón, el bombero forestal que perdía la vida atrapado por las llamas, tenía una esposa, dos hijas, una familia. El pastor de Escober murió en la Raya de los Pozones protegiendo a sus ovejas mientras su familia lo buscaba desesperadamente; sus pequeños cuerpos calcinados estaban junto a él. Ángel, el héroe de Tábara, se debate entre la vida y la muerte con el 80 por ciento de su cuerpo quemado mientras intentaba hacer un cortafuegos con una retroexcavadora. Todos los conocían, se conocían. 

Contrasta la serenidad, la callada resignación de las miles de personas que van llegando a Ifeza y la Ciudad Deportiva, en la capital zamorana; y al pabellón de Carbajales de Alba -atendido en las primeras horas de forma altruista por el Bar Estudio Uno-, además de 170 ancianos reubicados en residencias, de los más de treinta pueblos de Aliste y de la Tierra del Pan desalojados con el fuego a las puertas. A lo lejos, dos columnas de humo denso que son perfectamente visibles desde la ciudad tiñen de negro el horizonte.

Los niños cantan afuera, pero hay una amargura, una tristeza especial en el interior de Ifeza, como la de los pueblos nómadas de la Biblia. A esta gente, que es mi gente, les apartas de la tierra, de la sierra, del cereal, y les robas el alma. En el aire del inmenso y moderno recinto se respira una necesidad más de humanidad, de compañía, de una mano amiga, de unos ojos serenos, que de un puré, una crema y dos filetes de lomo o tortilla, que es el menú de la noche. A muchos aún no les entra la comida en el cuerpo; otros, no aguantan la fatiga haciendo cola.

Yo misma imagino a mis padres en esas camas de campaña y se me empapan los ojos, aprieto los puños y tomo aire. Zamora está viviendo una tragedia de dimensiones impensables hace apenas unas semanas.

Voluntarios

Decenas de voluntarios se acercan al pabellón de Ifeza con ganas de ayudar en lo que sea posible o llaman por teléfono a Cruz Roja para informarse. Inexplicablemente, hay quien les responde que ya no hace falta nada. 

Pero en realidad hay mucho por hacer y las consignas son contradictorias; aún hoy por los WhatsApp circulan mensajes solicitando ayuda y otros en sentido contrario afirmando que ya no es necesaria. Con 5.800 personas desalojadas de 34 pueblos, siempre hay algo que hacer para poder ayudar. Aunque solo sea sonreír y no estorbar.

La llamada de Azehos solicitando agua y víveres de primera mano ha hecho efecto: empresas de alimentación, chacineros, hosteleros y particulares se vuelcan en llevar productos de primera necesidad; también las cofradías de la Vera Cruz y de Jesús Nazareno han donado dos palés de botellines de agua con parte del dinero del último torneo solidario de Fútbol7. Mañana será la panadería Los Gavilanes de Bermillo la que entregue 15 hornazos y 50 empanadas para proveer a los evacuados.

Médicos, enfermeras, sacerdotes y psicólogos permanecen en el recinto ferial para atender los posibles episodios de ansiedad . Personal de Cruz Roja monta camillas a destajo en el piso inferior y en las dependencias superiores del inmenso edificio de cristal. Ciudadanos anónimos y voluntarios del Consejo Local de la Juventud acomienzan a atender el ‘servicio de barra’ proporcionando cafés, infusiones o agua a quienes van llegando, aunque la sensación de quienes pasamos por allí es la de que no hay nadie al mando de forma clara. Todo es un poco caótico; casi hay que «desobeceder» para poder integrarte en el equipo que trabaja con los alimentos a la espera del catering de la cena.

Probablemente el incendio de Villaseco del Pan ha desbordado todas las previsiones y el primer plan de emergencia trazado con los desalojados de Losacio se ha quedado pequeño ante la magnitud del fuego.

Contrasta, decía, esa serenidad sabia, recia, sufrida, de nuestras gentes, con el caos a la hora de organizar y repartir las tareas, de aprovechar los recursos humanos que se ofrecen para ayudar; quizá por la urgencia, por la dimensión inesperada del siniestro. Efectivos de Protección Civil de Zamora, León y Salamanca (algunos han empalmado con los dispositivos de Las Hurdes y la Sierra de Salamanca, están rotos), efectivos de Cruz Roja España de Zamora y provincias limítrofes y Técnicos de Emergencias Sanitarias con la presencia de la Policía Municipal de Zamora y la Guardia Civil intentan coordinar una acción en la que el voluntariado casi tiene que ‘colarse’ para ayudar, aunque los zamoranos han respondido masiva y generosamente a la llamada de ayuda. Una llamada que podría estar mejor aprovechada a la hora de contar con quienes quieren echar una mano en estas horas tan críticas.

No, no está todo

Porque no; no está todo, aunque la necesidad de alimentos está cubierta y así inciden las instituciones y organismos durante la mañana. Pero no toda la necesidad es material: poner una mesa, distribuir pan o cubiertos, repartir los menús que llegan del cátering De Luz o montar sandwiches y bocadillos, ofrecer agua o infusiones, está garantizado.

Pero en Ifeza, en la Ciudad Deportiva (abierta en torno a las cuatro de la mañana), en el pabellón de Carbajales, hay centenares de personas que necesitan compañía, desahogarse, un paseo, alguien que les escuche y les anime, que se acerque a darles la mano, a pegarse un parlao con ellos. Lo que están viviendo es terrible. Dan gracias por haber salvado la vida y se preguntan qué hallarán de vuelta a sus hogares. Están deseando regresar, pero las lágrimas les anegan los ojos pensando en lo que pueden encontrar. 

Sólo el presidente de la Diputación, Francisco Requejo, y el jefe del Consorcio Provincial de Bomberos, José Luis Prieto, han estado al pie del cañón desde que se desató el primer incendio, el de Losacio, con todos los efectivos de que dispone la institución provincial en primera línea de fuego. Unos efectivos insuficientes a todas luces pero que durante el año apagan los fuegos que no le corresponden, pese a no estar regulados ni siquiera como profesionales. Han visitado todos los frentes, han acompañado a su personal y ahora supervisan en Ifeza el realojamiento. El cansancio es visible en sus rostros. La noche será, ha sido, dura de nuevo.

También hasta Carbajales ha ido el subdelegado del Gobierno, Ángel Blanco, y en Zamora el concejal socialista David Gago o la directora general de Juventud, Estela López, han asistido como voluntarios, sin fotos, sin cargos, micrófonos ni declaraciones, entre la gente de a pie, como los demás. Dice la Biblia: «que no se entere tu mano derecha de lo que hace tu mano izquierda». Pero están; están y confortan. Al César, lo que es del César. En cuanto a la representación institucional de la Junta de Castilla y León, responsable directa del Medio Ambiente en la Comunidad, ni está ni se la espera. No, al menos, mientras estas líneas son escritas. 

Los mensajes de internet del presidente Mañueco, el luto oficial en la Comunidad, no consuelan, no serenan a las gentes del campo. Tampoco las declaraciones del ministro Marlaska hablando del cambio climático. La gente de los pueblos siempre supo salvaguardar sus montes, detener el fuego a toque de campaña. Ahora todo es negro, todo es ceniza.

El chef José Andrés les ha salvado la cara cambiando los míseros bocadillos que repartían entre los agentes y bomberos forestales por un menú decente para reponer tantas horas luchando contra las llamas.

Con el corazón 

En medio de tanta improvisación, me quedo con el inmenso ejemplo de las gentes de Aliste y de la Tierra del Pan, su respeto y saber estar, su fortaleza; incluso su sonrisa cuando te dan las gracias y te interrogan con la mirada y sólo puedes decirles: ojalá vuelvas pronto a tu casa

Impresiona la magnitud del desastre pero impresiona también la entereza de todos los evacuados, incluso los niños.

Sobrecoge y emociona también la solidaridad de tantos zamoranos anónimos que van a poner su granito de arena, que no buscan la foto, que sienten, que sentimos, que cuando se quema la tierra nos queman las entrañas, nos queman el corazón. Somos hijos de Viriato.

Y como de corazón vamos sobrados, en Ifeza, en la Ciudad Deportiva, en Carbajales, sí se necesitan muchos corazones que sostengan a quienes hoy por hoy se enfrentan a la dura realidad de no poder acceder a sus casas, a sus pueblos; a la incógnita de si quedará algo en pie cuando regresen.

No os quedéis con las ganas de ayudar. Id, estar con ellos, tomadles la mano. Alimentadles con el latido, la solidaridad, el abrazo, la palabra. Quizá este acto de rebeldía frente al «no hace falta» sea el más hermoso de nuestras vidas.

📸 Fotos Zamora: Ana Pedrero/ Diputación Provincial

📸 Fotos Carbajales: Rafa Lorenzo

4 comentarios en «Crónica de desalojo, solidaridad y compañía»

  • el 19 julio, 2022 a las 17:13
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    Gracias por escribir lo que has vivido en persona, lo doloroso es que todo esto se puede evitar, porque nuestros BISABUELOS y ABUELOS conocedores del medio rural del cual han vivido siempre, lo han sabido hacer siempre, se pueden evitar, si se tuviera a las personas que CONOCEN los temas. Esto nos llevará a la conclusión, de que nadie es imprescindible, sino necesario y dejémonos de políticas, por personas que no han estado NUNCA en el AMBITO RURAL y que solo nos dan DISGUSTOS tal cual estamos viviendo hoy.

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  • el 20 julio, 2022 a las 10:59
    Enlace permanente

    Soy Zamorano y residente en Madrid. Desde la distancia, mi más absoluta admiración, respeto y reconocimiento a todas las personas afectadas por esta tragedia, en especial a las familias de los fallecidos, y mi más sincero agradecimiento a todos los profesionales que están luchando contra el fuego.
    Un fortísimo abrazo para todos.

    Respuesta

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