Fernando Valera, obispo de Zamora: «nunca me pongo nervioso cocinando si los comensales son menos de cuarenta»

🔴 «El románico es el reflejo de un época de esplendor que ha sido capaz de dejar una belleza eterna. Es importante que se conserve y se divulgue»

🔴 «Todo el que viene a verme y se sienta en mi mesa prueba los alimentos de calidad de Zamora. Y todos se marchan maravillados»

🔴✝️ Hace un año, el murciano Fernando Valera tomaba posesión como Obispo de Zamora, una tierra que le ha fascinado con su románico, la espiritualidad de sus cofradías, la hospitalidad de sus gentes y también por su gastronomía y productos de calidad. Decía la santa andariega que también entre los pucheros anda el Señor, y el prelado zamorano tiene una bien ganada fama de ‘cocinillas’. Sin olvidar su arroz murciano con verduras, monseñor Valera es ya también un apasionado de la gastronomía zamorana y presume de alimentos de Zamora con quien se sienta a su mesa.

Acaba de cumplir su primer aniversario como prelado de Zamora, un tiempo marcado por la juventud de su equipo y la renovación. ¿Cómo vivió ese momento de ponerse a la cabeza de la Diócesis? 

-Muy contento, con mucha paz y muy agradecido, también con mucha responsabilidad. Nicodemo decía que a cierta edad es posible nacer de nuevo y Zamora me ha brindado la oportunidad de empezar de nuevo… nueva ciudad, nueva diócesis, el presbiterio, laicos nuevos… estoy gozoso y lleno de alegría porque además me he sentido muy bien acogido. Es una ciudad y una provincia bellísima, noto la alegría y hospitalidad de los zamoranos en mis visitas a los distintos pueblos de la diócesis y a las parroquias.

-¿Tenía alguna relación previa con esta tierra?

-La conocía de alguna visita turística, nada más. Zamora es de los sitios donde yo pensaba que no viviría nunca, no tenía relaciones con la iglesia diocesana. Para mí fue una sorpresa que me llamasen para ser obispo de Zamora.

Románico, turismo y Semana Santa

Una de las grandes bazas turísticas de la ciudad es su románico, un patrimonio que pertenece en su totalidad a la diócesis. 

-Zamora posee una raíz histórica tan profunda, tan bella; el románico que se hunde en el siglo XIII, siglo XIII; el primer gótico de Zamora… todo ello es el reflejo de una época de esplendor que ha sido capaz de dejar una semilla de belleza eterna. Turísticamente el románico es lo que más interés tiene para la gente; es un privilegio contemplar, disfrutar de tanta belleza. Todo su conjunto es impactante, por eso es tan importante que se conserve, proteja y divulgue. 

-Su llegada a la diócesis ha coincidido, además, con otro acontecimiento que nos afecta muy directamente, como es el Año Jacobeo.

-El tránsito de peregrinos es muy importante. Para mí ha sido muy grato y sorpresivo saber que 350 kilómetros en la diócesis y 450 kilómetros en la provincia pertenecen a la Vía de la Plata y al Camino Portugués y otros caminos. Este Año Jacobeo se ha unido además al Año Jubilar de la restauración de la diócesis y por ello programamos caminatas todos los meses por estos caminos jacobeos, otro de los tesoros patrimoniales que tienen los zamoranos, con tanto peso y tradición en la historia y en la fe.

-El gran tesoro espiritual de los zamoranos es su Semana Santa, de la que apenas pudo conocer algunos actos puntuales a causa de la pandemia. ¿Cómo lo vivió?  

– Yo he tenido mucho contacto con la Semana Santa de Murcia y Cartagena; en Bullas mi pueblo, mi familia y yo siempre hemos pertenecido a la Cofradía de Jesús Nazareno. Las referencias a la Semana Santa de Zamora son internacionales y tenía auténtico interés en conocerla, vivirla desde dentro. Por causa de la pandemia, el acercamiento a los actos que celebraron en Semana Santa ha sido muy sobrio, pero también muy bonito. He palpado en todas las cofradías una profunda religiosidad, me he reunido ya con las directivas que me han expuesto su modo de llevarlas, de rezar, su obra social, su vida interna, y me siento muy a gusto y muy cómodo; se destila mucha fe y mucho corazón.

-En este año de pandemia incluso le ha dado tiempo a ser uno de los infectados y el mundo se ha detenido. Un escenario que jamás hubiésemos imaginado…

-Creo que esta pesadilla ni en el peor de los sueños podíamos imaginarla; hemos visto películas que sólo se acercan a lo que estamos viviendo. Personalmente, me ha afectado en la quinta ola, la de los más jóvenes. En la primera, tuvimos que convivir con gente enferma muy cerca, en el equipo del Seminario. Desde la Iglesia hemos colaborado mucho a través de Cáritas. También en pandemia se puede hacer obra de amor, cuidar a los enfermos, vivir la alegría de servir a los demás… a mí me tocó sufrir la enfermedad y quise entenderlo también como un acto más de solidaridad con los enfermos, con quienes padecen sus secuelas y con las familias. Por ellos y por sus fallecidos aplico todos los días la eucaristía.

Pan, vino y gastronomía

Zamora es la única provincia que cuenta con una Tierra del Pan y una Tierra del Vino. Algo muy sugerente desde el punto de vista eucarístico y también desde el gastronómico.

-Esa alegoría de la eucaristía en el nombre de dos comarcas cuando me la encontré me produjo una gran alegría; yo tengo un espíritu muy eucarístico, por lo que esa alegoría de la Tierra del Pan y del Vino me fascinó, me pareció una señal…casi todos los días me acuerdo.

Y qué me dice del pan y del vino, más a lo profano.

-Conozco ya vino de Aliste, de Arribes, de Benavente y sobre todo, cómo no, de Toro. Me gusta mucho el vino del lugar y los hay excelentes; el pan también es excepcional, la harina tradicional zamorana es una materia prima espléndida. En cuanto a la gastronomía más en general, es aún poco lo que he probado a causa de la pandemia. No he podido salir a comer mucho fuera de casa, el Jueves Santo y el Domingo de Resurrección y en pocas ocasiones más. Pero la fama de la gastronomía zamorana trasciende sus fronteras.

– Zamora, está frontera rayana del Oeste, es un tierra pobre frente a la prosperidad de ese corredor del Este del que procede. ¿Qué provincia, qué diócesis se ha encontrado?

-El amor está más allá de la riqueza económica. Estuve un año de misionero en América Latina y viví la alegría y el amor tan presente en aquellas tierras. Es increíble cómo sin apenas recursos el pobre vive la alegría. En Zamora, en esta España Vacía, hay mucho amor, mucha entrega; la zona de La Raya está muy deprimida, la despoblación y falta de gente joven es palpable, pero históricamente sigue la evolución de Europa y también ha tenido su esplendor; se nota en su arquitectura, en su propia historia. De Zamora se habla en el mundo entero, hay zamoranos en el mundo entero.

– Decía Santa Teresa que «también entre las cocinas anda el Señor», y dicen las buenas lenguas que el Obispo de Zamora es también un gran «cocinillas».

– Para mí la cocina y la mesa son lugares de amistad, de alegría, y también de fe. Cocino, me encanta cocinar y nunca me pongo nervioso si los comensales son menos de 40; estoy preparado para eso, lo he hecho en el Seminario. La mesa para compartir es un lugar tan encantador que creo que sirve más para que la gente disfrute a veces más de esa fraternidad que de la propia comida. 

-¿Se ha puesto el delantal ya en Zamora? 
-Poco, poco. En Zamora aún no he terminado de asentar mi cocina, de encontrar los utensilios que cada cocinero hace suyos.

– ¿Cuáles son sus platos favoritos, qué platos borda en los fogones?

– Como buen murciano, el arroz con verduras. La cocina murciana es muy sobria. Todo va con verduras.

-¿Qué me dice del arroz a la zamorana y de los alimentos de calidad de la tierra?

– He probado el arroz a la zamorana, muy rico pero muy contundente; el cordero (lechazo),  las legumbres, el garbanzo de Fuentesaúco, la lenjeta de Tierra de Campos, los habones de Sanabria, la ternera de Aliste…y todo el que ha venido a verme y se ha sentado mi mesa lo ha probado y todos se han ido maravillados. Tienen una calidad extraordinaria.

– ¿ Qué le diría a la hostelería en un tiempo tan duro para el sector?

– Les animo a que no pierdan la esperanza, que busquen para todos ellos soluciones tangibles, posibles. He visto con cuánto esfuerzo han afrontado esta realidad, esta ruina, y tienen toda mi solidaridad. El Año Jubilar y el Año Jacobeo son también un guiño, una buena noticia para la hostelería porque invitan a la gente a venir, a conocer la hostelería y la gastronomía zamorana.

Navidad

– En vísperas de la Nochebuena, qué cenará mañana el Obispo de Zamora y cuál será su comida de Navidad?

-La cena de Nochebuena será ligera porque después tengo la eucaristía, la Misa del Gallo: una ensalada de escarola, granada y langostinos, merluza en salsa verde y, de postre, pastel de gloria de las monjas. En cuanto a la comida de Navidad, cordero asado con patata asada y como postre «la ensalada de mi padre», que lleva apio, naranja, aceite y sal.

Para finalizar, le pediría un mensaje de Navidad para todos los zamoranos.

-La Navidad es una oportunidad para acercarme a cada uno de vosotros, para invitaros a que os dejeis conmover por la ternura de un Dios vulnerable en esa humanidad de Jesús. Déjate asombrar por la luz de la inocencia y del amor Feliz Navidad. Feliz encuentro del Señor. Dios os bendiga.

Foto Portada: cedida por Zamora 24 Horas

Un comentario en «Fernando Valera, obispo de Zamora: «nunca me pongo nervioso cocinando si los comensales son menos de cuarenta»»

  • el 23 diciembre, 2021 a las 15:52
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    Leo con atención la entrevista y me parece que Zamora está de suerte con su obispo. Vivo en Madrid hace muchos años pero me intereso siempre por las cosas de mi tierra.Que Dios le ayude en su misión por muchos años.

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