Hasta el año que viene, hermanos

Hoy es un día raro que pasará a la historia como el más triste para los semanasanteros y cofrades de corazón, para los hosteleros, para los zamoranos. También como un día de sentirse orgullosa y agradecida a los hombres y mujeres de mi tierra por su responsabilidad, coherencia, civismo, generosidad y sentido común a la hora de tomar una decisión tan difícil y dolorosa como la de dejar a las procesiones en casa.


No por esperada la noticia ha sido menos dura en unos días que parecen irreales. Mi estómago, mi corazón, han sentido de repente un precipicio, un enorme vacío. Pero nunca me he sentido más orgullosa de mi gente.

Conozco el trabajo de la trastienda, la actividad que desarrolla cada cofradía durante todo el año, las reuniones, las preocupaciones, los desvelos tan poco valorados a veces, los sinsabores y las alegrías. Conozco también la inyección de vida que la Semana Santa insufla a la ciudad, a sus gentes, a su hostelería, a sus negocios, como un inmenso motor, como un corazón latiendo.


Zamora es una tierra dormida que resucita con la Pasión de Cristo y regresa a su pequeña muerte en Resurrección, cuando las calles recobran su ritmo silente, su día a día manso, y las casas se quedan vacías.

Conozco también el pellizco, el trallazo que te sacude en el alma el Merlú rompiendo la madrugada; la alegría de las esquilas del Barandales; las emociones encontradas en la madrugada del Viernes Santo, cuando los muertos regresan a la ciudad para vestir la túnica de la Congregación y subir al Calvario mientras amanece.


No entiendo, no imagino a mi ciudad sin teñirse de verde esperanza en la mañana del Jueves Santo; sin guardar Silencio suspendida en los imponentes brazos del Cristo de las Injurias; sin tapizar de terciopelo morado la Rúa, sin el olor del incienso y el réquiem de un campanil en la noche de los Dolores, sin abrigarse al resguardo de una capa parda en Olivares.


No entiendo a mi tierra sin las palmas doradas de los niños; sin un Miserere abriendo la tierra; sin entregarse amorosa al regazo de Nuestra Madre; sin las teas encendiendo la noche del Lunes Santo, sin proclamar al mundo la certeza de que la Muerte no es el Final.


No me imagino a Zamora sin la pana verde del Martes, sin el Nazareno cruzando el puente, sin la solemnidad del terciopelo negro en la tarde del Entierro, sin la oración frente a los muros del cementerio con un Jesús vivo caminando sobre nuestros hombros; sin el blanco sudario de la Verónica en Tres Cruces, sin la dulce mirada de nuestra Virgen de la Soledad.


No imagino a Zamora sin la alegría del Encuentro, sin los churros y el aguardiente en el patio de casa, las flores en las varas; sin los ensayos de los coros, la música de las bandas, los pasos cortos y acompasados de los cargadores, los pies descalzos de los penitentes, la largas esperas en las aceras. Sin el ir y venir a la panera, sin el orear de las túnicas y el dulzor de las garrapiñadas, sin la ilusión de los niños que visten su primera túnica, su primer caperuz.


No me imagino esta tierra con sus iglesias cerradas y sus altares oscuros, con el Museo sin trasiego y las mesas sin flores. Sin el vermú del Jueves y del Viernes, con sus terrazas vacías, sus fogones apagados; con sus calles desiertas en los días santos, con el silencio eterno, sin el rezo y el cántico.


Quizá se nos olvidaba que en pleno siglo XXI aún somos incapaces de vencer a todo; que un virus puede poner patas arriba al mundo; que vale más una sola vida humana que todas las procesiones y actos de fe, porque cuidarnos es amarnos y amarnos es la ley de Dios. La primera.


Y aunque es como si me hubiese vaciado de golpe por dentro, hoy también es un día para creer en nosotros, para creer en el hombre, en nuestro espíritu solidario. 

La tarde ha sido un rosario incesante de establecimientos hosteleros echando el cierre para intentar frenar la expansión del virus; de cofradías suspendiendo sus actos entre el dolor y la esperanza; de negocios cerrando sus puertas para el bien común, de tantos hombres y mujeres dando un paso adelante por todos los demás mientras los profesionales de la Sanidad trabajan sin horas en los hospitales como auténticos héroes. Creéis tanto a mis ojos cada minuto que ya sois inalcanzables, ángeles de bata blanca y ciencia en la tierra.

Con el corazón roto y el alma llena, desbordada, os doy las gracias a todos por hacer lo correcto, por darle sentido a lo que somos, hermanos, aunque sea lo más difícil.


Hoy es un día duro, pero este 13 de marzo es un brindis por la vida, la más bella profesión de fe en el hombre. Y cuando todo esto pase, vendrá de nuevo la primavera. 

Como si en las puertas de La Hostal estuviésemos con una semana ya cumplida os lo digo:


Salud para el año que viene, hermanos !!

8 comentarios en “Hasta el año que viene, hermanos

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    el 13 marzo, 2020 a las 23:28
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    Ana tus comentarios no pueden plasmar mejor el sentimiento de todos los que amamos nuestra semana santa y queremos nuestra tierra , solo quiero añadir que lo de este año se lo podamos contar a las generaciones venideras, un abrazo a todos l@s semanasanter@s

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      el 14 marzo, 2020 a las 04:31
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      La sensatez es la protagonista,describes perfectamente lo que pensamos hoy,con la cabeza gacha,nos conoces bien Ana porque sabes cómo vivimos y como sufrimos en la ciudad dormida,el próximo año todos estos olores,sabores y emociones se multiplicarán por dos,sabremos perfectamente lo que tenemos,porque este año lo hemos perdido,Ana,,,,será un placer escuchar tus «siete palabras»estoy seguro.

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      el 14 marzo, 2020 a las 18:50
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      Ana no se puede escribir mejor, ser capaz de plasmar en prosa poética el sentimiento de los zamoranos con esa solvencia es muy difícil y tú lo haces fácil y bonito. Eres la mejor.

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    el 13 marzo, 2020 a las 23:38
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    Yo como zamorana me he emocionado al leer este artículo, haciendo esa descripción tan detallada de nuestra querida Semana Santa. Y en la lejanía y como cada año el Viernes Santo, oire la marcha de Talberg, que me recuerda, la primera vez que mi padre me llevó a ver » bailar» el Cinco de Copas, saliendo de San Juan. Hasta el año que viene y mucha salud para todos.

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    el 14 marzo, 2020 a las 08:05
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    Como buen zamorano al leer tu gran artículo lleno de fe y bondad desde la distancia no puedo por menos que soltar una lagrima y solidarizarse con nuestros hermanos zamoranos y decirles que vendrán más años para que nuestra semana santa nos vuelva a unir y enseñarle al mundo nuestra Zamora en todo su esplendor

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      el 14 marzo, 2020 a las 16:24
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      Precioso artículo Ana, como todo lo que escribes, una fuerza mayor obliga a tomar una decisión tan crucial, pero todo sea para que dentro de un año podamos vernos todos en la calle y disfrutar de la Semana Santa 2021, descontemos los días un abrazo enorme hermana ❤❤

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    el 14 marzo, 2020 a las 13:36
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    Me ha hecho llorar . Un comentario precioso

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    el 19 marzo, 2020 a las 22:39
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    Ana Pedrero ,como siempre…SUBLIME.

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