Los sumilleres conocen el proyecto de Enrique Domínguez en la Tierra del Vino

La asociación celebra hoy una cata con los vinos de la D.O.P Cebreros (Ávila).

La Asociación de Sumilleres de Zamora ha conocido los vinos del proyecto que lidera Enrique Domínguez (Bodegas Valcabadino) , quien recupera una bodega familiar en la Tierra del Vino cuya evolución hay que seguir de cerca por los prometedores resultados que se prevén.

Los abuelos de Enrique eran propietarios de 40.000 cepas en Zamora capital, Peñausende y Cabañas de Sayago. En los años 60 baja el precio de la uva y se pierde la tradición de hacer vino. No obstante, se trata de una zona de referencia, puesto que ya en el siglo XVII Alonso de Zuazo construye una casa señorial y en el Obispado preferían los vinos de esta zona. 

Blancos

La característica diferencial de sus blancos es la larga maceración, entre cuatro o cinco semanas. Experimentan fermentación maloláctica y a posteriori se corrigen. En la cata en rama, el bodeguero mostró las diferencias entre estar en depósito o en madera.

La uva es malvasía procedente de viñedos de entre 60 y de 85 años, también con algo de verdejo, palomino y moscatel. Se trata de una vendimia tardía, por lo que poseen más de 14 grados. Seleccionados los racimos, el blanco es elaborado como si fuera un tinto, para que sea un vino de guarda, por el enólogo Roberto Martínez, de Malandrín. 

El primer vino blanco que se cató es de la añada 2018, experimentando con la madera, tanto con Roble francés, americano y húngaro, como solo con húngaro, que creen que es el que mejor le va.

Las botellas saldrán al mercado en un par de años. Los sumulleres apreciaron que son vinos que prometen, golosos en boca, mejor el de barrica. El de roble húngaro más untuoso

Tintos

La cata continuaba con tres tipos de tinto. Primeramenre, se procedió a la cata del mismo vino, uno en proceso de clarificación y otro no, de la añada 2017, con once meses en barrica de roble americano y húngaro testimonial.

La uva procede de Valdelaloba (Zamora), Valcabadino y un poquito de Cabañas de Sayago, cien por cien tempranillo, con algo testimonial de Cavernet Sauvignon.

El primero, en proceso de clarificación, se apeeciaba más vivo por el efecto de la proteína vegetal y la gelatina. El cavernet le aporta frescor.

La cata continuaba con un tinto joven de la añada 2019 que aún no ha experimentado la fermentación maloláctica. La bodega quiere experimentar con depósitos de barro. Ahora mismo es fruta pura. 

Finalmente, los sumilleres han conocido dos tintos de la añada 2016, uno de diez meses y otro crianza. El de diez meses procede de una mezcla de barricas y el otro de una barrica con más 12 meses, y alguna de 16.

Estos dos aún no se comercializan pero sí se sirven en la bodega del restaurante familiar. Sus precios en la Guía Peñín han sido fijados en 6.5 y 7 euros respectivamente.

Los sumilleres coincidieron en que se trata de vinos con gran potencial. Hay que seguir su evolución, que puede cuajar en grandes vinos.

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