No puede ser el final

Confieso que a veces me falla la fe. Que me he cuestionado y me cuestiono si la muerte es el final, si hay vida más allá de la vida, si hay más luz desde que se cerraron tus ojos. Si hay en verdad un camino en el que nos estáis esperando o el dolor sólo se queda aquí, anclado a la tierra y allá no hay nada más. Silencio, la nada.

Pero esta tarde han cantado tus compañeros junto al Jesús Caído en una iglesia vacía y aún reconozco tu voz entre sus voces, en el aire, cantando desde el otro lado y cierro los ojos para verte y casi puedo tocarte.

Confieso que a veces me falla la fe. Que he rezado a los pies del Cristo de la Buena Muerte pidiendo una muerte buena y digna, indolora, apacible, para los que amo, aunque todo lo que reclamaba en verdad mi alma, mi corazón, era la vida, tenerlos conmigo, mirarles de frente, seguir caminando.

Curiosa dicotomía la de este Lunes Santo entre la muerte y la vida, entre el dulce descanso en los brazos del Cristo que acaricia el aire cuando todo es noche y ese destino a la luz en el cántico cuando muere el día.

No puede ser el final.

Fotos: Rafa Lorenzo/ Ana Pedrero

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