Te hubiera gustado, Miguel Ángel

(A la memoria de Miguel Ángel Regueras, presidente, amigo, compañero y eterno número uno del paso. Todo mi amor para su familia. A mis hermanos de paso, en su regreso a las calles. Para Amparo y Nines, que hoy cargan con el corazón, en plena batalla)

Te hubiese gustado, Miguel Ángel, ver salir hoy a nuestro Jesús de las manos abiertas como tantas veces lo hemos visto. Y a mí me hubiese gustado tenerte a mi lado, cerca, renovar ese abrazo que nunca faltaba como amigo, compañero, presidente y eterno número uno del paso. Siempre serás nuestro number one. Y te hubiese gustado la primera aceitada y el buchito de mistela antes de la procesión, ese rito que año tras año repetimos los cargadores antes de abrazar la madera y acompasar paso y latidos al ritmo que nos marcan los tambores.

El duende Vicente y tú convertísteis el viejo Correo de Zamora en la oficina no oficial de Luz y Vida cuando la hermandad daba sus primeros pasos; a vuestro lado aprendí a querer a nuestro Jesús, el de Hipólito, que hoy surcará de nuevo las calles y el Duero como un navío inmenso sobre los hombros de nuestros hermanos. Yo los veré alejarse, cerraré los ojos y sentiré la madera sobre mi hombro, donde se asentó su pie durante treinta años. Qué dolor, que soledad verlos partir ahora sin mí, aunque creo que un hermano de paso lo es para siempre, que los que no arrimamos ya el hombro empujamos con el corazón. 

Me hubiese gustado mirar por encima del banzo, verte en la puerta de la Catedral, levantar las cejas, sonreír, decirnos con los ojos «ya estamos en la calle». Desearte suerte, agradecer una vez más tu generosidad con la cofradía, tu inmenso apoyo en los momentos duros, la valentía de ponerte al frente en unos días tremendamente difíciles para el futuro de la hermandad, fracturada por su médula. Cosiste con el pegamento de la paciencia y de la calma las heridas, uniste con ternura lo que estaba roto; ayudaste a nacer la hermandad y años después la resucitaste en su peor momento, junto a Carmen Manso, incombustible, que es todo corazón, siempre a tu lado, tan leal, tan de verdad, tan amiga, tan entregada desde el minuto cero a esta cofradía, su cofradía, la nuestra, sin la que yo ya no entendería la Semana Santa.

Me hubiese gustado no tener que escribirte tan lejos, allá arriba, y quiero pensar que esta noche, cuando la hermandad llegue ante los muros del cementerio, estarás viéndonos desde lo alto, como una estrella que siempre ha iluminado el camino de esta cofradía, desde que Manolo Espías la diese a luz con su palabra. Sois ya tantos, tantos y tan buenos los que nos faltáis… Manolo, nuestro eterno Duende, Emilio, Teruelo, Ángel, María, Amalia, Charito… os imagino reunidos fundando procesiones al otro lado de la vida con la misma emoción y el mismo entusiasmo con que pusisteis en pie ésta en recuerdo de quienes hicieron posible la Semana Santa. 

Hoy sois vosotros los que estáis al otro lado, en el viento, en la oración, en la memoria, en ese crucero en el que cada Sábado de Pasión florecen rosas blancas, el agradecimiento, el cántico y una plegaria. En la oración reconoceremos las voces de Don Vitaliano, de Pico Cirac, de Fabri, nuestros capellanes buenos, que tanto nos quisieron. 

Te hubiese gustado ver que el mundo va recuperando el ritmo después de la pandemia que nos ha asolado; ver a tu hijo bajo el paso, el relevo de Pablo al frente por Daniel; saber que Zamora vive una nueva Semana Santa, que la hermandad crece y continúa unida;  esperar al Calvito y la Vera Cruz el Jueves y romper la madrugada del Viernes Santo con tu túnica nazarena de laval.

Hoy vivos y muertos nos damos la mano junto al cementerio; hoy nuestro Jesús prometerá la Resurrección y os recordaremos desde la vida, desde la alegría de tantas cosas compartidas, buenas; desde la esperanza de encontrarnos algún día, desde el agradecimiento por tanto como nos habéis dado.

Luz en tu vuelo, querido Miguel Ángel. Cuídanos a todos; cuida a nuestra hermandad con tanto amor como lo hiciste en la tierra

Te queremos.

Foto portada: Francisco Fuentes Vicario

Miguel Ángel Regueras, recientemente fallecido. Foto: Antidio Vicente
Reunión de hermanos fundadores: Hipólito Pérez Calvo, Vicente Díez, Ignacio Teruelo, Emilio Ufano, Manolo Espías, Manolo Lozano y Miguel Ángel Regueras. Hoy todos nos contemplan al otro lado de la vida.

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